Sólo una vuelta para Castella tras acabar con el cuarto, un gran toro.
Madrid, 22 de mayo.
Decimocuarta función de San Isidro.
Lleno.
Toros de Victoriano del Río.
Sebastián Castella, de pavo y oro, silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos.
Emilio de Justo, de rojo y oro, silencio tras aviso y silencio tras dos avisos;
Tomás Rufo, de cobalto y oro, silencio en su lote.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Toros de Victoriano del Río, desiguales, variados de comportamiento y con juego medido que no terminaron de colaborar, salvo el cuarto. Fue el toro ideal, el que sueñan los toreros, cinqueño, bravo, pronto, con transmisión y humillando. Suerte tuvo Sebastián Castella al corresponderle a él, haciéndole frente con toreo de emoción, mando, encaje, mano baja y ligazón. Todo iba bien, la faena a más, el sueño hecho realidad tocando la gloria con el público entregado, se perfiló para matar, cobró media estocada, el astado amagó levemente con echarse, Sebastíán no esperó y optó por descabellar, lo intentó cinco veces y a la sexta consiguió que el toro cayera sobre el albero. No hubo Puerta Grande pero sí vuelta al ruedo. Emilio de Justo tuvo momentos importantes al pasar a su primero por el derecho bajando la mano, el otro no tuvo entrega. Tomás Rufo poco pudo hacer con su huidizo primero, con el otro no terminó de compactar faena.
Escaso desplazamiento tuvo en las verónicas de recibo el primero, cinqueño, de Sebastián Castella. En varas derribó en la primera, no se entregó y blandeó en la segunda, la tercera fue breve metiendo la cara abajo. Con la muleta lo intentó en el tercio por el derecho embistiendo sin codicia, con poco brío, sin poder ni ligazón. Porfió en la corta distancia sin que rompiera hacia delante. Fue a menos y cuando lo pasó por el izquierdo solo salieron de a uno, sin transmisión. En los medios recibió con erguidas verónicas a su segundo, cinqueño. En varas empujó con fijeza en la primera a media altura. En la segunda se metió debajo del caballo. Se desplazó y embistió con bravura en banderillas. José Chacón saludó después de parear. Brindó al público. Inició con la muleta muy decidido en el centro del ruedo con pases cambiados por la espalda tres veces y el público animando. Las series por el derecho tuvieron ajuste, mando y contundencia, bajando el engaño, con el toro humillando, pasando la cara muy cerca del albero. Por el izquierdo citó de frente exhibiéndolo en series de hasta siete muletazos, ligando con mano baja, desplazando con poderío y abrochando con hondos pases de pecho. Las tres ceñidas bernadinas presagiaron que algo aún más emocionante iba a ocurrir. El desafortunado uso del acero nos remitió a la dura realidad. Vuelta al ruedo.
La medida fuerza del primero que saludó Emilio de Justo, impidió el lucimiento con el capote. En varas se dejó. En banderillas esperó y mostró su querencia a tablas. Con la muleta por el derecho instrumentó en la corta distancia estimables pases ligando, provocándole por abajo para que embistiera. Por el izquierdo se mostró reservón, levantó la cara, midió, desplazándose poco y descompuesto. Arriesgó en las cuatro manoletinas finales rematando con ceñido pase de pecho. En su segundo, cinqueño, se entregó por verónicas. En varas se dejó. En la muleta demostró escaso poder. Blandeó por el derecho, por el izquierdo quiso el astado pero no pudo.
El primero, cinqueño, de Tomás Rufo salió abanto en el capote. En varas no se entregó en la primera dejándose en la segunda. Manseó en la tela no queriendo embestir, poniendo tierra de por medio. Le cambió los terrenos logrando que pasara por ambos pitones, sin transmisión por la escasa entrega del astado. Su segundo frenó en seco cuando le mostró el capote. En varas manseó en la primera, la segunda fue mero señalamiento. Brindó al público. Con la muleta consiguió desplazarlo alargando el brazo pero la escasa transmisión, de su embestida, no dio para que la faena remontara.







