El torero de Jaén derrochó valor y ganas.
Madrid, 20 de mayo.
Plaza de Las Ventas.
Undécima de la feria de San Isidro.
Tres cuartos de entrada.
Toros de Saltillo y uno, quinto, de Couto de Fornilhos.
José Carlos Venegas, de blanco y oro, ovación y silencio
Juan Leal, de celeste y oro, silencio y silencio tras aviso
Juan de Castilla, de alivio de luto y oro, silencio tras aviso en su lote.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Undécimo festejo de la Feria de San Isidro con toros de Saltillo y Couto de Fornilhos (5º), difíciles, desiguales en presencia y comportamiento, que dieron escasas opciones a los toreros. El astado que dio más juego fue el primero de José Carlos Venegas, quien lleva temporadas sumando escasas actuaciones, pero sin rehuir el compromiso a la hora de venir a Las Ventas y afrontar una exigente corrida de Saltillo. Tuvo la suerte de lidiar al mejor toro cuajando muletazos de buen trazo, que el público aplaudió. Juan Leal lo intentó con un primero que llevó la cara alta, se desplazó desentendido, sin fijeza ni humillación, tragando frente a un segundo que se defendió con peligro. Juan de Castilla tuvo momentos brillantes con un toreo largo y con enjundia, en su segundo exhibió sentido lidiador al conseguir meter en la muleta a su otro astado, difícil y sin entrega.
Por verónicas ganando terreno recibió José Carlos Venegas a su primero, cinqueño, hasta dejarlo en el tercio. En varas entró desde lejos empujando en la primera y cumpliendo en la otra. En banderillas Fernando Sánchez colocó con aprieto un buen par. Brindó al público. Muy dispuesto inició con la muleta en el tercio pasándolo por el derecho, ligando y abrochando con profundos pases de pecho. Citó con determinación acudiendo con prontitud y codicia exhibiéndolo por el izquierdo a media altura y con transmisión, luciéndose en una serie con ligazón que conectó fuertemente con el público. Al recibir de capote a su segundo, cinqueño, quedó desarmado. Iván García y Fernando Sánchez saludaron en banderillas. En la muleta embistió andando, a media altura y pendiente de lo que tenía cerca, exigiendo, con violencia, midiendo y soltando la cara sin dar opción alguna.
El primero de Juan Leal se negó a embestir al recibirlo con el capote, para después hacerlo con escaso recorrido y sin posibilidad de lucimiento. En varas empujó con fijeza en la primera, manseando en la otra. Disperso y sin entrega se mostró en banderillas. Brindó al público. Con la muleta inició cerca de los medios con pases cambiados por la espalda sin mover los pies. Por el derecho ligó y templó. Cambió al izquierdo y aunque metió bien la cara empezó a salir desentendido de cada muletazo. Citó de frente por el mismo pitón, pasando la línea exterior, consiguiendo algunos importantes bajando el engaño. En la siguiente serie por el derecho llevó la cara alta sin poder rematar la tanda. Suelto y desentendido fue su segundo, de Couto Fornilhos, en el capote. En varas huyó tres veces y al cuarto encuentro recibió un puyazo, cuando embistió al caballo situado junto a la puerta de cuadrillas. Con la muleta Juan Leal se puso en el sitio para hacer toreo de lucimiento, bajando la mano, dejándosela puesta con la intención de ligar y conectar con el respetable, pero la mansedumbre, escasa entrega y medido fondo echó al traste el intento, respondiendo el toro con tardeo, soltando la cara y no dando opción a la ligazón, ni a la transmisión.
Suelto salió el primero de Juan de Castilla que a la segunda verónica puso tierra por medio. Cuando retomó el capote cuajó tres con sentimiento y buen trazo, seguido de vistoso remate a una mano por abajo. Brindó al público. Inició en los medios de rodillas citando por el derecho, pasándolo con valentía, temple y cara baja. Las series tuvieron enjundia y profundidad. El astado fue a menos, mermó la entrega, soltó la cara y no hubo forma de remontar. Su segundo, difícil, complicado e irregular admitía el primer muletazo, se lo pensaba en el segundo y soltaba la cara en el tercero.







