Los encastados toros de Fuente Ymbro imponen su ley.
Madrid, 17 de mayo.
Plaza de Las Ventas.
Novena de la Feria de San Isidro.
Lleno.
Toros de Fuente Ymbro.
Miguel Ángel Perera, de botella y oro, silencio tras aviso y silencio tras aviso.
Paco Ureña, de azul marino y oro, ovación y silencio.
Fernando Adrián, de celeste y plata, ovación y silencio tras aviso.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Noveno festejo de la Feria de San Isidro con toros de Fuente Ymbro, encastados, serios y exigentes a los que se enfrentaron Fernando Adrián, quien mostró en su comparecencia actitud, toreo de mando y mano baja con el primero de su lote, domeñando su casta y acometividad en series contundentes por el pitón derecho, contactando fuertemente con el público, aunque sin cortar trofeo al no emular con el acero lo que demostró con la muleta. Miguel Ángel Perera hizo el esfuerzo con uno áspero y a la defensiva que no colaboró, el otro, con escasa entrega e irregular condición, no permitió remontar faena. Paco Ureña fue ovacionado en su primero, impresionante y con trapío, punteando a veces la muleta pero mandando en meritorias series por el derecho, el otro encastado y con arreones no dio opción.
El primero de la tarde embistió andando cuando Perera le mostró el capote, no dándole opción para que pudiera estirarse. En varas se entregó en la primera y cumplió en la otra. Inició con la muleta junto a tablas pasándolo largo hasta colocarlo junto a la raya exterior. Por el derecho ligó un par de series en las que no terminó de acoplarse. El viento se hizo presente. Cambió al pitón izquierdo y el astado sacó su aspereza en el tramo final del muletazo, defendiéndose sin seguir el recorrido trazado por el torero. Con verónicas de buena factura rematadas con poderosa media recibió a su segundo. En la primera vara cumplió dejándose en la segunda. Realizó Perera un vistoso quite por chicuelinas y tafalleras. Daniel Duarte y Vicente Herrera saludaron en Banderillas. Brindó al público. Inició con la muleta en el centro del ruedo con quietud y asentamiento, pasándolo en series largas por el derecho, bajando la mano, dando el pecho y mandando. Por el izquierdo mostró firmeza pero la serie fue discontínua, de a dos, blandeó, de a tres y otros tres pasando con escasa entrega y sin transmisión, impidiendo la conexión con el público.
El primer toro de Paco Ureña de inicio no quiso embestir al capote. Curro Rivas le acercó el capote y bajando las manos consiguió que humillara, llevándolo hasta donde estaba Ureña, sin darle el toro opción a éste de lucirse. En varas empujó en la primera, en la segunda manseó y recibió un leve picotazo. Junto a la raya exterior lo pasó con la muleta en series por el derecho a compás abierto, tragando, adelantando la mano, bajando el engaño, con intensidad y mandando. Por el izquierdo fueron de a uno, midiendo, enganchando, levantando a veces la cara, mostrando genio y poniéndose bronco. A su segundo lo saludó con sentidas verónicas adelantando la pierna de salida. En varas se dejó. En la muleta lo pasó con actitud mandando en series por el derecho. Por el izquierdo salieron con enganchón.
Fernando Adrián en su primero se estiró por verónicas rematando con airosa revolera. En varas empujó en la primera, cumplió en la segunda, resultando ambas traseras. Ángel Otero colocó dos excelentes pares de banderillas. Brindó al público. Inició entre las rayas con la muleta frente a su bravo, entregado y humillador toro. Todas las series fueron aplaudidas. Destacó en contundentes tandas por el derecho ligando, bajando la mano con poderío, tirando, ciñéndose, dejándosela puesta y abrochando con vibrantes pases de pecho, asentado, clavando los pies sin perder terreno y con el público enfervorecido. Por el izquierdo fueron de a uno y con menor emoción. El uso del acero privó la obtención de oreja. Su segundo fue devuelto. A su segundo bis, también de Fuente Ymbro, lo recibió con templadas verónica, algunas rodilla en tierra, rematando con garbosa revolera. En varas le dieron duro. En la muleta resultó manso, encastado y peligroso. Por el derecho midió, lo pasó con cercanía y ligó. Tardeó después por el mismo pitón negándose a embestir. Por el izquierdo se desplazó alguna vez y muchas amagó con intención de pasar pero sin hacerlo.





