En mi artículo “De Guanes a Baruqui” me quejaba de la mala suerte que no está dando el número 7 en su año 2017. El 7 estaba en todas las circunstancias y fechas de sus muertes. Y otra vez el 7 en un día 17 del 2017, amargo, amargo, en la tragedia de Iván Fandiño . Otra vez el 7. La tragedia del toro de Ibán que mata al torero vasco. Ibán contra Iván, colmo de mala suerte como lo fue la de Víctor Barrio. Dos en menos de un año es demasiado. Lo negro se ceba con el toreo.
Iván Fandiño ha sido un caso especial. Vasco, pocos toreros hay de allí. Iván, nombre raro en el escalafón de toreros. Carácter duro e introvertido del espada de Orduña. Lucha sin cuartel para llegar a algo.
Superación de todas sus circunstancias negativas : gordo de joven, se tuvo que someter a regímenes rígidos y también en la dureza de las capeas alcarreñas. Visto que en su tierra era imposible, tuvo que fomentar su vocación y su oficio a sangre y fuego donde fuera. Y encontró a Néstor su apoderado eterno. Un ejemplo de pareja profesional impecable y fidelísima.
Objetivos muy altos siempre sin pensar quizá que era demasiado. Límite sin límite de mente y de físico para intentar alcanzar la cumbre. Siempre a tope, sin respiro, sin descanso para no ser marginado.
Y dos años triunfador de la temporada según la de Oro de RNE. Y en las ferias. Y en su tierra. Y en Francia. Y en la épica Pamplona. Y Madrid, poco a poco y nunca del todo. De oreja en oreja durante mucho tiempo dándose cuenta y sufriéndolo de que el camino se avanza en el toreo de dos en dos.
Y creyendo estar en la cumbre, o muy cerca de ella, llega en Las Ventas la de seis. No calibra sus fuerzas, no le aconsejan que pueden ser los toros imposibles de seis ganaderías de vez en cuando así.
Hace una publicidad tremenda y llena la plaza en las vacaciones de Madrid en Semana Santa. Se la juega económicamente.
En el ruedo da un paso atrás, lo juzgan con dureza, no le perdonan el fracaso que a otros sí…y empieza de nuevo su carrera, no sé si mirando otra vez a la cumbre.
Y lo pasa mal, muy mal, poco a poco se recupera pero no es el Fandiño de antes porque no lo ponen en todas los carteles donde solía.
Total, se muestra más introvertido y endurece su carácter, y aprieta la boca y cierra los puños y se la sigue jugando, pero ya no es lo mismo.
He sufrido viéndolos hablar y torear con tres toreros. El desaparecido Antonio José Galán, cuando perdió el valor. A Jiménez Fortes después de superarlas todas pero especialmente las dos del cuello.
Y… Fandiño, que era a la vez retador y pajarillo herido, seguía teniendo un sitio en el toreo porque daba todo lo que tenía para poder triunfar a sangre y fuego. También van llegando las novedades y a los que llevan años los van a apartando. Ahí sí que era un héroe Iván para que eso no sucediera. Nunca dejó de poner en la arena todo su corazón.
Un toro de una ganadería brava -Los Maños- mató a Víctor Barrio. Un toro de una ganadería brava –Baltasar Ibán- ha matado a Iván Fandiño. Y por encima de la bravura y de todo lo demás, la mala suerte. Maldita mala suerte. Dos situaciones tan similares, tan nefastas, se han llevado dos toreros con vocación y amor al toreo.
Ibán e Iván, tragedia de la mala suerte. Nunca la tuvo buena el de Orduña. Pero el ejemplo de su lucha y de su rebeldía ahí perdurará para lección de todos. Hizo siempre lo que pudo y lo dio todo, hasta su sangre y su vida.









