La presidencia de la plaza de toros de Valencia vuelve al centro del debate tras una feria de Fallas marcada por alguna decisión controvertida, sobre todo después de negarle una oreja a Tomás Rufo el 18 de marzo. Pilar Bojó, responsable del palco ese día, defiende el criterio común del equipo, la aplicación estricta del reglamento y la necesidad de mantener la exigencia en una plaza de primera, al tiempo que asume con naturalidad la discrepancia en los tendidos.
Carlos Bueno
— Hay que ser valiente para aguantar la presión en el palco.
— No es cuestión de valentía, es cuestión de asumir que cuando subimos a la presidencia tenemos que tomar decisiones, siempre acordes con el reglamento, en un periodo de tiempo mínimo, sabiendo que puede haber gente que esté de acuerdo y gente que no. Lo suyo es que no se hable de la presidencia. Los protagonistas son otros. No tenemos ningún afán de protagonizar controversias. En ocasiones es inevitable, porque todo el mundo es libre de cuestionar nuestros dictámenes, pero lo asumimos.
— ¿Cuál es la principal función de un presidente?
— Defender al aficionado. Hay dos partes, la primera empieza abogando por la integridad de los toros en los reconocimientos. Es la labor más complicada y la que nadie ve. No olvidemos que Valencia es una plaza de primera, y el espectador merece ver un espectáculo acorde con esa categoría.
— ¿Y la segunda parte?
— Mantener la exigencia acorde con el reglamento. El presidente tiene que tener un criterio que le guíe. La primera oreja se concede a petición del público, lo tengo clarísimo. En la segunda ya intervienen otros factores: el ritmo, el nivel artístico, la intensidad, la estocada… Se tienen en cuenta muchos aspectos. También debemos hacer una labor didáctica para que situaciones que no agradan no se repitan.
— ¿Cómo puede un presidente ser didáctico?
— Siempre que se pueda, explicando el reglamento y los principios básicos al espectador, y hacerlo a través de un medio de comunicación como este es una oportunidad. Hay aficionados que no necesitan explicaciones, pero también hay público que va por primera vez. Todos merecen respeto, pero los más neófitos deben intentar aprender de los más veteranos para que entiendan por qué se toman determinadas decisiones, por qué se saca un pañuelo, por qué se cambia un toro… Que pregunten a los aficionados que tienen al lado y les dirán que el presidente no ha otorgado una oreja porque la estocada ha caído baja, porque había un pinchazo… y eso no puede ser premiado.
— Este año se ha mejorado la presentación del ganado en Valencia.
— Sí, han salido corridas más parejas y rematadas. Se trabaja mucho en corrales con los equipos veterinarios, que son una pieza fundamental. Yo soy la presidenta, pero en todo lo relacionado con morfología y estado del animal nos apoyamos en ellos. El trabajo de las últimas temporadas ha empezado a dar frutos. Han venido toros mejor presentados que el año pasado, cumpliendo con los requisitos de trapío y ofensividad que merece la plaza.
— Al principio de la feria hubo problemas en los reconocimientos.
— Es cierto, pero luego se corrigieron. Este año el trabajo ha sido más colaborativo. Hay apoyo, coordinación y armonía entre los equipos, y esa unidad ha valido para que todos vayamos en la misma dirección y que se hayan producido menos problemas en los corrales.
— ¿Qué ocurrió con la concesión de orejas en algunos casos?
— La primera oreja es a petición del público. Cada presidente puede estar más o menos de acuerdo, pero si hay petición, se concede.
— ¿Y si hay dudas?
— En caso de duda sobre si hay mayoría en la petición, no se concede la oreja.
— A Julio Norte y a Marco Pérez se les concedieron orejas tras pinchazos y estocadas desprendidas.
—La estocada la valoramos entre los criterios a la hora de conceder la segunda oreja. Pero la primera es voluntad del público y había mayoría. Cada presidente luego, en su foro interior, puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Pero si hay petición se da la oreja.
— ¿El día 18 había mayoría?
— En el primero no la había antes del arrastre. Luego pudo haberla, pero el toro ya no estaba en la plaza. En el segundo no vi petición mayoritaria, y las personas que estaban en el palco conmigo tenían la misma opinión. El presidente debe ver pañuelos, almohadillas, señales visibles. Había jaleo, pero el ruido no es visible, es oíble, y yo tengo que ver blanco en los tendidos. Y en el tercero sí que vi blanco, o sea que había pañuelos en la plaza, por eso concedí un apéndice.
— Hubo un gesto de desprecio del torero lanzando la oreja concedida en el último toro.
— Al finalizar el festejo le llamé al despacho y tuvimos una conversación privada, sin sanción. Ambos nos prometimos que quedaría entre él y yo.
— Se ha escrito mucho sobre usted. ¿Le afecta la crítica?
— Me afecta que la polémica se centre en quienes no buscamos protagonismo. Pero respeto todas las opiniones.
— ¿Seguirá en la presidencia?
— Sí. No lo hago por obligación, sino por compromiso y por el cariño que tengo a la plaza de mi tierra.
— Sé que han tenido una reunión con la Consellería.
— Sí, como es habitual, para valorar la feria en todos sus aspectos, no sólo en lo que compete a las presidencias.
— ¿Se pretende mantener la línea de mejor presentación del ganado y más seriedad?
— Estamos todos de acuerdo en que se siga produciendo un espectáculo acorde a una plaza de primera.









