Julio Norte abre la puerta grande en su presentación en Valencia.
Valencia, 16 de marzo
Séptima de la Feria de Fallas.
Un cuarto de entrada.
Novillos de Fuente Ymbro, el sexto corrido como sobrero, bien presentados y de buen juego en conjunto.
Juan Alberto (de lila y plata), silencio tras aviso y silencio tras otro aviso.
Julio Méndez (de azul pavo y oro), silencio con aviso y silencio con otro aviso.
Julio Norte (de rosa y oro), oreja y oreja.
De las cuadrillas destacaron Felipe Gravito y Sergio Pérez.
Paco Delgado
Fotos: Mateo
Sobre el papel la segunda novillada del abono fallero presentaba no pocos alicientes. Novillos de una ganadería que raramente defrauda aunque las figuras, y quizá por aquello, le han puesto la popa y tres novilleros de los que se habla como futuro. Pero… las cosas no siempre salen conforme a lo planeado y el en general buen juego de los novillos de Fuente Ymbro no se acabó de apurar.
Sólo el debutante en esta plaza Julio Norte confirmó con resultados las esperanzas puesta en él.
Con tres largas de rodillas recogió al novillo de su presentación en Valencia. Y de rodillas inició su primer trasteo, toreando luego asentado y compuesto, muy templado, llevando siempre a su oponente metido en el engaño, aunque no faltó algún momento de apuro ocasionando por sus ganas. Estuvo atinado con el estoque y paseó su primera oreja.
También echó las rodillas al suelo para recibir al sobrero que cerró plaza, más chico y escurrido. Se llevó un revolcón al iniciar su faena, volviendo enardecido y arrestoso para sacar otro trasteo valiente y de plantas firmes en el que dejó ver maneras y saber lo que lleva entre manos.
Hecho y cuajado, muy en el tipo de la ganadería; gazapón de salida su paso por el caballo le dejó mermado de fuerza. Un desarme nada más iniciar su faena ni le desanimó ni empañó la labor de Juan Alberto Torrijos, entusiasta y dispuesta, con fases de toreo templado y ligado, aunque pecó de frío y no acabó de conectar con la gente. Por si fuera poco tardó en matar.
Manseó en el peto el cuarto y le arrearon duro de un caballo a otro. Embistió luego rebrincado y medio defendiéndose, tratando de sacar partido de él su matador por lo clásico, dejando algún muletazo aislado de buen trazo pero sin que su labor de conjunto trascendiese.
Muy en novillero Julio Méndez, que ya se lució al quitar al primero y se estiró al recibir de capa al segundo de la tarde, al que también medio masacraron en varas, lo que acusó en la muleta. No le alivió su matador, que atacó pronto y mucho, pisando terrenos de compromiso que le llevaron a sufrir alguna voltereta como contraprestación a su derroche de valor, siendo silenciado puede que injustamente.
Se le midió más el castigo en el primer tercio al quinto, que buscó no obstante las tablas enseguida. Hasta allí le persiguió Méndez en busca de lucimiento, pero sólo pudo evidenciar pundonor y ganas. Y la mansedumbre del novillo. Nadie dijo que esto fuese fácil.









