Ni toros ni toreros acabaron por entenderse en una tarde plana.
Valencia, 15 de marzo
Sexta de la Feria de Fallas.
Tres cuartos de entrada.
Tres toros de Jandilla, cuarto, quinto y sexto, dos de El Puerto de San Lorenzo, primero y segundo, y uno, tercero, de Ventana del Puerto. Desiguales de prsentación y juego. El mejor el cuarto.
Castella (de pavo y oro), pitos tras aviso y ovación con otro aviso.
Manzanares (de azul noche y oro), silencio y silencio.
Pablo Aguado (de grana y azabache), ovación y silencio.
De las cuadrillas destacó Diego Ramón Jiménez.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Con el recuerdo de lo hecho el día anterior por Navalón, y dentro ya de los días grandes de fallas, la gente acudió en buen número a presenciar el sexto festejo del abono fallero, y salió con la decepción pintada en el rostro. La sabiduría popular no suele fallar y, ya se sabe, días de mucho, vísperas de poco.
Se lidiaron toros de tres ganaderías que, aunque alguno tuvo posibilidades, en conjunto no fueron aprovechados por sus matadores. Con el cuarto, que apretó en el primer puyazo pero luego ya no quiso saber nada de picadores ni de sus caballos, la tarde pareció irse arriba. Castella interpretó una vez más su clásica faena iniciada con pases cambiados por la espalda para seguir en redondo e ir acortando las distancias hasta terminar ahogando las embestidas.
Abrió plaza un ejemplar de El Puerto de San Lorenzo, con tipo y estampa clásicos de esta ganadería. Y también de comportamiento típico, de menos a más. Justito de fuerza, le faltó son y cierto interés por la muleta de Castella, al que ya de salida no le gustó este animal y le dejó en gran medida ir a su aire sin acabar de meterse con él. ¡Aburres, Castella!, le gritaron desde el tendido. Y así fue, en efecto. Y además dio un sainete con el estoque.
Se le dieron muchos capotazos sin ton ni son en el primer tercio al segundo de la tarde, tampoco un dechado de bravura y con clara tendencia a rajarse. Manzanares acertó a medio fijarle dejándole la muleta en la cara y tirando de él para sacar un trasteo irregular y un punto acelerado, no atinando luego a la hora de la verdad hasta el tercer intento.
Salió rebotado del peto el quinto, incómodo en banderillas y sin especial entrega y a menos en la muleta. Abrevió el alicantino, que ahora sí estuvo certero con el acero.
Se lució en su recibo capotero Pablo Aguado a su primero, con el que trató de mostrarse diferente, buscando la supuesta esencia pero quedándose en los preparativos, sin profundizar ni ahondar, dejando, eso sí, detalles y muletazos aislados de bello dibujo con los que no logró dotar de unidad a su faena, mal rematada con la espada.
Intentó seguir en la misma onda con el sexto, más parado y de muy corto recorrido, sin obtener mejor resultado.









