Viernes, 13 de marzo de 2026. Plaza de toros de Castellón. Más de tres cuartos de entrada en tarde soleada. Toros de Garcia Jiménez y Olga Jiménez (5), correcta aunque justamente presentados y de escaso juego en general, y de nulo fondo. Manzanares (azul y oro), silencio tras petición y silencio. Roca Rey gris plomo y oro), oreja tras aviso y silencio. Pablo Aguado (grosella y oro), saludos tras aviso y oreja. Entre las cuadrillas saludaron tras banderillear al tercero Iván García y Francisco Sánchez Araujo.Presidió Juan Carlos Calahorra. Pesos de los toros por orden de lidia: 519, 513, 531, 506, 509, 514 kilos.
Enrique Amat, Castellón
Era sobre el papel el festejo de la feria. La presencia en el cartel de Roca Rey constituía el gran atractivo para aficionados y profesionales, metidos ya en los días grandes de la feria de la Magdalena. Y lo cierto es que el clima acompañó. Una tarde primaveral, agradable, soleada, despejada y sin una nube. La ciudad, en plena ebullición festiva. Alegría, ganas de fiesta y de pasarlo bien. Que en los tiempos que corren, no está mal.
Los toros elegidos para esta terna fueron de Garcia Jiménez y Olga Jiménez.Justos de presencia y escasos de juego
Terciado y escaso de remate el que abrió plaza. Bonito para el torero, menos para el aficionado. No se empleó en el caballo y tuvo tranco en banderillas, Con fondo de nobleza, pero ayuno de poder y defendiéndose por ello más de la cuenta. Tan cortos los viajes como sin mensaje..
También terciado y algo más descarado el segundo, pero sin comerse a nadie. Apenas se le picó para un análisis en el caballo. Quiso más que pudo, siempre pendiente del torero y rompiendo para adelante, aunque en el límite de fondo. Se derrumbó durante la lídia. Embistió con más clase que emoción y acabó reventado y buscando las tablas.
Se dejó pegar en el caballo el tercero, que fue y vino, sirvió y colaboró con el torero. Blandengue, distraído y escaso de motor el cuarto, que se salió suelto y despavorido del caballo. Luego se dejó pegar un segundo puyazo. Noblón, claudicante, gazapón y un tanto a la defensiva. Por ahí fue y vino, sin ton ni son. El castaño lombardo quinto, más montado, también anduvo por ahí desentendido, distraído y enterándose de todo menos de lo que debía. Sangró mucho en el caballo, y luego tuvo cierto tranco en banderillas. Se movió por ahí, pero claudicante, perdiendo las manos, soltando la cara y con poca entrega. Muy desentendido y tal. Y el castaño, bragado, meano y algo jirón sexto fue protestado de salida porque su matador no terminaba de ponerse delante de él. No le entró ni por el ojo derecho ni por el izquierdo a su matador, aunque lo cierto es que el toro tampoco tenía nada. Y por ahí embistió, y por momentos pareció querer romper.
Manzanares lanceó vistoso y muleteó empacado, siempre con sentido de la puesta en escena, en un trabajo algo acelerado, con escasas apreturas y de más vistosidad que fondo. Faena de más apariencia que esencia. Muy desconfiado. Mató de una estocada trasera, tendida y desprendida que bastó. Y cumplió un trámite ante el cuarto, que tuvo escaso fondo, al igual que la faena del alicantino. Sin aperturas, sin convencimiento y solo cumplidora. Lo mejor, el espadazo con el que despenó a su antagonista.
Roca Rey firmó un emotivo prólogo de faena por estatuarios al segundo. Luego, ya fuera de las rayas, se puso en el sitio, pero el toro se desplomó varias veces y luego se fue para los terrenos de adentro. Trasteo más de exposición y de disposición que de ejecución a los sones del pasodoble Tercio de quites. Y siempre, por la línea de la periferia. Pero bueno, la gente estuvo con él. Y el que paga, en teoría manda. Tras un epílogo “damisista” con circulares de espaldas, se pegó un arrimón en los terrenos de adentro ante el paroxismo del público. Faena de larguísimo metraje y regular mensaje. Mató de una estocada corta y trasera.
Actitud y disposición tampoco le faltaron en el quinto. Puso en liza todo lo que no tenía el toro. Le buscó las vueltas, le cambió los terrenos, le hizo embestir si o sí. Faena, en cualquier caso, muy desigual, en la que predominaron los desarmes, hasta tres y que tuvo un argumento muy errático.









