Puerta grande de distinta consideración para Tomás Rufo y Marco Pérez.
Castellón, 12 de marzo
Tercera de la Feria de La Magdalena.
Un tercio entrada.
Toros de Montalvo, cómodos y manejables, el quinto premiado con la vuelta al ruedo..
Miguel Ángel Perera (de grana y oro), oreja y ovación.
Tomás Rufo (de burdeos y oro), ovación y dos orejas.
Marco Pérez (de rojo y oro), oreja y oreja.
Sergio Blasco gustó al banderillear al segundo y Fernando Sánchez en sus dos turnos.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Tras las dos jornadas dedicadas a la promoción (aunque un festejo tuvo que ser aplazado por el mal tiempo), una corrida de Montalvo fue la base de la tercera función del abono magdalenero. Encierro cómodo de cabeza, con romana y manejable en general, que permitió lucir a sus matadores y mostrar un espíritu voluble y errático al palco, que concedió y negó orejas con criterio dispar y la vuelta al ruedo a un toro manso en el primer tercio.
Desentendido y con poca fuerza fue el que abrió plaza. Cumplidor, no más, en varas, llegó al último tercio defendiéndose, aunque Perera enseguida le metió en la muleta a base de oficio, valor y ganas. Incansable ante la cara de un toro al que hizo bueno y del que sacó todo y arrancó una oreja pese a que la espada cayó baja.
Tuvo poca claridad de salida el cuarto y el extremeño repitió fórmula: mando y temple, luciéndose al torear en redondo con profundidad y ligazón, abierto el compás e inmóviles las plantas hsta apurar la última embestida que tuvo su oponente, al que tumbó sin puntilla. Pero ahora salió a relucir el rigor presidencial y se quedó sin puerta grande.
Buscó siempre la puerta de toriles el segundo pero se embraveció al sentir la puya, encelándose en el peto y llevándose una buena paliza. Con paciencia y en el sitio que pedía el toro Tomás Rufo pareció hacerle embestir pero el de Montalvo pronto desistió, entrando al paso y buscando las tablas. Y ya nada hubo.
Se lució al recibir de capa al quinto, manso en el caballo. Una serie de rodillas con la derecha enardeció a la gente y animó al toro, que cambió para muy bien, estirándose luego para sacar los mejores naturales de la tarde en una faena a más, firme, valiente y con poso.
Sacó más movilidad y mejor son el tercero, también un punto más de seriedad. Vivo y acometedor sirvió para que Marco Pérez diese fiesta a la gente en un trasteo habilidoso y eficaz aunque de poco compromiso. Una estocada hasta las cintas le puso la oreja en sus manos.
Saludó vistoso y fácil al voluminoso sexto, que acabó acusando los kilos y se paró pronto, sin que su matador pudiese hacer otra cosa que exhibir ganas… y cobrar una estocada fulminante que le valió una puerta grande muy generosa.









