Perdió la puerta grande al fallar con el rejón de muerte.
Castellón, 9 de marzo
Segunda de la Feria de La Magdalena.
Más de media entrada.
Toros de Los Espartales, bien presentados y nobles en conjunto.
Rui Fernández, ovación y ovación.
Diego Ventura, ovación y oreja.
Lea Vicens, ovación tras aviso y ovación de nuevo provocada.
Foto: Mateo
Aunque tampoco como para tirar cohetes, la asistencia de público fue mayor en la segunda entrega del abono magdalenero. Un festejo de rejones, que siempre tiene su público fiel y especial, y que en gran parte acudió ahora al reclamo de la gran figura de la especialidad, Diego Ventura, que quebró ya de manera espectacular al recibir a su primer oponente a lomos, claro, de “Quiebro”. Dejó llegar mucho al de Los Espartales, luciéndose con “Quirico” al llevarle a dos pistas. No ahorró números espectaculares y entusiasmó al banderillear pese a que el toro ya se fue apagando y tuvo que consentir muchísimo. Aún se adornó con “Brillante” para clavar las cortas en un carrusel previo a los muchos pinchazos que le privaron de premio.
También estuvo muy por encima del quinto, luciendo ahora a “Nómada”, con el que puso a la plaza en pie al quebrar por los adentros en un palmo de terreno y cuando banderilleó sin cabezada. Clavó luego las roas en todo lo alto y lo dejó todo preparado para obtener un gran triunfo que, por un momento pareció volver a volatilizarse al pinchar. Dejó a continuación un rejonazo pro no fue sino al descabellar otra vez pie a tierra cuando acabó amarrando una oreja, recompensa corta para lo hecho.
No encontró Rui Fernandes más complicación con su primero que las ocasionales distracciones de salida de un toro que luego siguió obediente la estela de sus caballos, banderilleando con soltura y sin apreturas, procurando ceñirse a la ortodoxia, aunque no siempre lo consiguió.
Se distrajo mucho el cuarto, banderilleando con facilidad pese a lo poca colaboración de un cornúpeta que acabó también muy aplomado.
Le costó lo suyo a Lea Vicens parar al tercero, que pese a lo mucho que sangró con los dos rejones de castigo que se le aplicaron persiguió codicioso a “Bético” en el segundo tercio. Hasta que se agotó, sin que hubiese gran conexión entre las partes. Tampoco acertó con el rejón de muerte, tardando bastante para ponerlo a los pies de las mulillas.
Apretó el sexto de salida y no estuvo cómoda Lea con él, teniendo que hacer todo el gasto. No le fue fácil banderillear, costándole alguna pasada en falso y clavando de manera desigual en un proceso laborioso y trabajoso. Medio rejonazo trasero le obligó de nuevo a descabalgar para rematar con el verduguillo, evaporándose la posibilidad de oreja al precisar de varios intentos para terminar con el toro que cerró plaza.