Esa inquina que no cesa

Siguen empeñados nuestros ¿responsables? de la cosa pública en hacernos tragar con lo que a ellos les interesa y beneficia a sus intereses. Y en vez de trabajar y buscar soluciones para que este pobre país funcione y toda fluya razonablemente bien, se van por los cerros de Úbeda y se enfangan en empresas  absurdas y que sólo les aplaude quien busca sacar rédito de ello.


Paco Delgado

Apoyándose en directrices extranjeras, que nada saben del tema, el increíble ¿Gobierno? ¿español? vuelve a intentar acometer disposiciones que impidan a los menores de edad el asistir a festejos taurinos. Por lo de la crueldad, el maltrato a los animales y las secuelas que ello pueda dejar en sus cabecitas en formación, aducen.
Apuntan de nuevo a una de nuestras más significativas señas de identidad, la tauromaquia, que la tienen atragantada y no pueden con ella al identificarla, los más “moderados”, con posturas políticas que detestan y, los radicales y extremistas, con, efectivamente, una nación, la española, de la que, en su pensamiento primitivo y montaraz, abominan y hasta odian, a pesar de que se sientan sin reparos en las poltronas de sus instituciones y cobran sus buenos sueldos y pluses, por prácticamente rascarse la entrepierna y despotricar contra quien les paga tan ricamente y a lo tonto.
Tras unas indicaciones de la ONU, que tampoco se sabe ya muy bien para qué sirve, puesto que en cuestiones de verdadera importancia no se moja, el Ministerio de Juventud e Infancia anunció que contempla, en la propuesta de ampliación de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia), que no se permita ni la participación ni la asistencia de las personas menores de edad en actividades, eventos o espectáculos en los que se ejerza violencia contra los animales. Hale. Y se retratan. Las prohibiciones son una herramienta que se utiliza para imponer un criterio, una forma de pensar, una norma y, generalmente, cuando se termina la imaginación, el diálogo, el razonamiento… se abusa de ellas.
Prohibir es una gran tentación para quien detenta el poder, pues no implica esfuerzo, planificación o inversión de recursos, siendo propio de los regímenes totalitarios el disponer absolutamente de la vida de las personas, que acaban siendo un medio para los fines de quien mangonea. Y para entenderlo mejor ahí están Friedrich Hayek y su libro Camino de servidumbre.
Sin embargo no caen en la cuenta de otra certeza incontrovertible: prohibir es hacer deseable lo prohibido. Y hacerlo valioso. Es el concepto más eficaz en publicidad, junto a nuevo y gratis. Dí que algo no se puede hacer o decir y ya tienes a todo el mundo queriendo hacerlo o decirlo. Pero no aprenden.
Naturalmente, han salido en tromba quienes piensan que esto es un atropello y un abuso. Desde la patronal hasta la FTL, pasando por las distintas entidades que se agrupan en la Unión de Federaciones Taurinas de Aficionados de España, la Asociación Internacional de Tauromaquia y diversas Comunidades Autonómicas (la de Madrid es la que más alto y claro ha mostrado su disconformidad con este disparate) muchas son las voces, públicas y privadas, que claman contra esta posibilidad.
También gente autorizada advierte que este proyecto implica un ataque a la libertad y a la cultura española y, por si fuera poco, no respeta la legalidad vigente. No hay que olvidar que la tauromaquia es una actividad legalmente autorizada y protegida. La sentencia del Tribunal Constitucional 117/2016 de 20 de octubre, que declaró anticonstitucional la prohibición de celebrar corridas en Cataluña, también señala sin lugar a dudas que las Comunidades Autonómicas tienen la capacidad de determinar la edad de acceso a ese tipo de espectáculos.
Francia, siempre un pasito por delante, hace ya un par de años, rechazó prohibir la asistencia a espectáculos taurinos a los menores de 16 años.  No creo que aquí llegue a buen puerto la enésima sandez del ¿Gobierno? y sus acólitos extorsionistas, pero, por si acaso, que se tomen todas las medidas pertinentes para impedirlo. La primera, procurar echarlos de las instituciones.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.