Una anécdota sumamente divertida, que revela la popularidad de los protagonistas.
La contaba Jaime Ostos.
“Íbamos el ministro don Camilo Alonso Vega, su esposa, Luis Miguel Dominguín y un secretario a una cacería. En Cibeles nos
saltamos un semáforo en rojo y un guardia nos echó el alto. Cuando reconoció a Luis Miguel y a mí, dijo: Anda mis toreros favoritos.
En lugar de multa nos dio su dirección para que le enviásemos fotos.
– Pero vosotros ¿quién os creeis que sois?– dijo el ministro.
– Mire, señor ministro, Luis Miguel y Ostos no hay más, pero ministros sí y detrás de usted vendrán más– contestó el guardia.
En la cacería me tocó al lado de don Camilo que no le daba a nada y yo perdiz que entraba a tierra. A la hora de cobrar solté a mi perro, un labrador que me había regalado Franco y va y me dice, o amarra usted al perro o le pego un tiro.
– Puede usted matarlo, pero sepa usted que es del Generalísimo.
– Pues haga usted el favor de no traerlo más a una cacería.







