También se asustó cierta noche Emilio Redondo.
Siendo un chaval el torero albacetense se escapó de casa para “hacer luna” en una finca ganadera.
“Ataba una cuerda a una viga –contaba– y por allí me deslizaba con una bicicleta y me iba a torear las vacas de Sánchez Cajo. Regresaba al amanecer, repetía la actuación y a dormir, Nadie se enteraba.
Una noche, al saltar la tapia se encontró con unos gitanos que solían venir a Albacete para vender ganado. No sólo fue el susto, se armó una algarabía pues pensaban que era un ladrón, me quisieron quitar hasta la bicicleta. Les dije que era para ir a torear y como mi familia tenía una tienda de ultramarinos les prometí que les llevaría comida.
Y así pude volver a casa y nadie se enteró de mis salidas, para realizar mis sueños toreros”.