Mario Vilau sale a hombros en Vinaroz en un festejo en el que todo valió.
Vinaroz, 9 de agosto
Tercera novillada del Circuito Valenciano. Un tercio de entrada.
Novillos de Antonio Palla, justos de presencia y sin fuerza.
Borja Ximelis (de berenjena y oro), silencio y oreja.
Kevin Alcolado (de rosa pálido y oro), ovación tras aviso y oreja tras otro aviso.
Mario Vilau (de blanco y plata), oreja y dos orejas.
Paco Delgado
La marinera plaza de Vinaroz acogió la tercera prueba de la segunda edición del Circuito Valenciano de Novilladas de Valencia. Un festejo en el que se lidió ganado salmantino de Antonio Palla, culpable en muy gran parte de que la tarde no tuviese importancia debido a su poca presencia y fuerza.
Y pese a que en el ruedo hubo poco de interés, desde el palco se empeñaron en dar bombo a la función regalando orejas sin ton ni son y que poco favor hacen para dar crédito a este Circuito.
El que abrió plaza ya echó las manos por delante al entrar al capote de Borja Ximelis, que le dejó sin picar ante su evidente falta de fuerza, una carencia que hizo imposible el lucimiento, limitando su quehacer a intentonas y probaturas inútiles antes de que el novillo se echase.
Saltó al callejón el cuarto, manso también en varas y sin especial entrega en la muleta, buscando Ximelis más el ornato que la eficacia en otro trasteo hueco.
Buscó lucirse Kevin Alcolado al recibir al muy cómodo segundo, incapaz también de seguir los engaños sin irse al suelo pese a que se le obvió el castigo en el primer tercio y se abrevió el segundo. El alicantino mostró maneras y buen concepto pero sin oponente en un trasteo absurdamente extenso.
El quinto, con más cuajo, peleó en el peto pero tampoco tuvo fondo, obligando al alicantino a otra labor voluntariosa y muy por encima de su antagonista.
Con tres largas de rodillas recibió al tercero Mario Vilau, que luego fue desarmado hasta un par de veces. El novillo tuvo más brío pero no mejor condición, echando la cara arriba y protestando. El novillero catalán derrochó ganas pero sin que su labor tuviese mayor trascendencia a pesar de la oreja que se le regaló desde el palco.
De rodillas recibió al chico sexto y de la misma forma inició su faena, dejando patente su pundonor y entrega aunque consintió demasiados enganchones ante el novillo con más movilidad de la tarde.









