Fue el suyo un fugaz regreso, por amor propio o por añoranza, también por los hijos del torero que no alcanzaron a ver a su padre en sus años en activo.
Tirando de pico. El Andaluz y su regreso a los ruedos
Decía El Andaluz: “Hacía muchos años que me había retirado –quien firma este escrito lo vio en activo y en su esplendor. Era uno de mis toreros preferidos. Y lo recuerdo con grandes exitos en Valencia, una de sus plazas preferidas, donde contaba con muchos seguidores–. Un día mi hijo mayor me pregunta ¿Papá, cómo has sido tu como torero?
Le dije que había sido bueno. Tenía entonces 65 años y decidí entonces reaparecer.
Estás loco, me dijo toda la familia.
Estuve dos meses sin beber, ni fumar, preparándome como si fuese a torear en La Maestranza.
Reaparecí en la plaza de Santiponce, donde maté un toro que me cedió Benítez Cubero. Asistió toda mi familia y varios profesionales, entre ellos Curro Romero.
Llegué al coso fumándome un puro. Estuve bien, y le corte las dos orejas y el rabo”.









