El matador de toros madrileño Fernando Robleño actuó en la feria de San Isidro, el 7 de junio ante un encierro de Adolfo Martín y al día siguiente lo hacía en Vic Fezensac ante un encierro de Dolores Aguirre. La de Madrid fue una tarde emotiva, en lo que pudo ser su despedida de esta plaza, tras 25 años de alternativa. Y la afición estuvo entregada.

Enrique Amat
“No es fácil poner a tanta gente de acuerdo. Es difícil, cuesta trabajo, pero a veces se consigue. Pudo ser la despedida de Madrid. Una vez ha pasado todo, estoy contento de haber vivido esas emociones. La lástima es que los toros no ayudaron para que fuera todo más redondo, pero me quedo con el apoyo y el cariño del público. Por cómo me trataron, la admiración que me han tenido. No tengo palabras para agradecerlo ni para explicar todo lo que siento.”
Igual aún queda una tarde en octubre.
“Te engañaría si te dijera que no es esa mi ilusión. Me encantaría que mi última tarde como torero fuera en Madrid. Ojalá fuera en otoño, con un cartel bonito. He tenido una carrera larga, difícil y con altibajos, pero siempre buscando la verdad y la pureza. Y me gustaría despedirme bien.”
Madrid es una plaza donde usted es de los privilegiados que ha podido abrir la puerta grande.
“Y tanto. Es complicado, porque han de reunirse muchas circunstancias para conseguirlo. Yo he salido por la puerta grande dos veces de matador de toros, en 2002, en las corridas de Victorino Martín y Conde de la Maza y otra más de novillero. Y por los aceros he perdido algunas más. Por lo menos tres faenas más que yo recuerde, que fueron de dos orejas. Como la del toro Camionero de Escolar, y a otro toro de Adolfo Martín. Lo cierto es que es un sueño cuando se consigue, es como tocar el cielo con los dedos.”
Y cumple veinticinco años de alternativa. Cuando entró en la escuela no sabía si llegaría a ello.
“Yo era un niño con una gran ilusión, con una gran vocación. Y aunque no tenía antecedentes familiares, siempre me fascinó este mundo aunque, como digo, no había en mi familia ningún taurino. Pero era lo que me gustaba, aunque era realista y, por supuesto, no pensaba en llegar a todo esto. Soñaba con llegar a la alternativa. Pero estar 25 años de matador, no. Y matando este tipo de corridas, en lo físico y lo psicológico es duro, pero es lo más bonito que hay y es para sentirse satisfecho. Yo me considero un privilegiado. Tengo respeto a la profesión, he estado en este mundo con dignidad y, aunque han faltado cosas, me voy satisfecho y orgulloso de lo que he hecho.”
Hablando de respeto, cuenta con el de los profesionales y la afición.
“Quizá eso sea lo más importante y lo más bonito. En Madrid fue una tarde preciosa la del otro día. A mí no me gusta figurar. Soy tímido y vergonzoso. Pero que la gente antes de salir mi segundo toro me brindase esa ovación, ese ver al público de pie, luego el brindis de Antonio Ferrera en los medios. Y, además, fueron cosas que surgieron de forma espontánea, que no estaban preparadas ni venían programadas. Todo salió de forma natural en los tendidos y eso es lo que me llenó más de satisfacción todavía.”
Lo de Ferrera fue un detalle.
“Con Antonio mantengo una estrecha relación. Hemos coincidido en muchos viajes a México. Hemos convivido. Y yo le tengo admiración, cariño, respeto por esa lucha, esa capacidad de torear encastes distintos. Le admiro mucho y él me deseó lo mejor y felicidad en mi próximo desempeño profesional.”
Su padrino fue ni más ni menos que Morante, un 20 de junio de 2000, fecha en la que le dio la alternativa en Torrejón de Ardoz.
“Ahora Morante está de moda. Yo pienso en el mérito que tiene. Tiene mucho valor lo que ha conseguido y me siento un privilegiado de que sea mi padrino. Es un torero espejo para las nuevas generaciones. Es un referente para los chavales, aunque también es muy difícil llegar a eso. Para llegar a ese punto, José Antonio ha necesitado muchos años, ha pasado por muchas vicisitudes. Siempre con mucha entrega, sacrificio. Y volver a estudiar la historia del toreo, bucear en las fuentes, y ahí está el resultado. Pero es una trayectoria intensa y con mucho esfuerzo. Y luego, le pone a todo mucho sentimiento y alma. Es un grandioso torero.”
Le cedió el toro Girasol, de Torrealta.
“Sí, me cedió los trastos, pero si quieres que te diga la verdad no me acuerdo de lo que me dijo. Alternamos con el Juli, fue todo un cartelazo“.
Qué tiene Morante
“No me atrevo a decir nada, porque respeto a todos mis compañeros. Pero Morante es un caso excepcional. Reúne muchas cualidades grandiosas: el valor, el gusto, el sentimiento, la verdad y ese ajuste tremendo con el que torea. Pasarse los toros tan cerca y torear tan despacio, no es fácil.”
Ahora está de director de la escuela de taurina de Madrid.
“Es un trabajo muy bonito y apasionante. Yo quiero transmitir a los chavales los valores de la profesión. Que es muy bonita, única, en la que se viven momentos maravillosos, como el de Morante en Madrid el otro día. Pero es una profesión difícil, muy de verdad y hay que tener muchos valores para darle grandeza al toreo. Toreo y toro son lo más grande, y hay que saber estar con pureza y debemos transmitirles esa verdad por el toreo y el respeto a la profesión. Y es muy difícil. Tenemos más de 100 alumnos y para enseñarles bien hay que conocer primero a la persona, hablar con ellos, trabajar y profundizar. Estoy muy ilusionado y veo alumnos con cualidades. Tenemos un equipo de profesionales muy unidos y queremos que la escuela de Madrid sigue siendo un referente en la tauromaquia.“
Después de tan larga experiencia, todavía quedarán alguna tarde en el recuerdo para lo bueno y para lo malo
“Es muy difícil elegir. Para mí ha sido una felicidad y sentir el toreo en muchas plazas. Sobre todo, los triunfos en Madrid, la tarde de la alternativa, la del día que me encerré con seis toros en Ceret ante toros de Escolar fue algo impresionante.”
Y este año queda cerrar este ciclo.
“Sí, ahora tengo un mes de julio intenso. El día 12 voy a Pamplona a una corrida de José Escolar, a Ceret el 13 de julio y el 18 Mont de Marsan. Y sigo entrenando con toda la ilusión. Aunque tengo que dividir mi tiempo porque hay que acompañar a los chicos a todos los sitios en los que torean, que por fortuna son muchos. Hay que trabajar, enseñarles, estar con ellos, ayudarles. Se sufre mucho porque te preocupas por ellos en lo personal y en lo profesional, pero es un empeño muy bonito e ilusionante. Y se trata tambión de devolver lo que el toro te ha dado.“









