Cortar orejas es lo que desean todos los diestros en sus comienzos.
Fermín Murillo era un aventajado botones en la profesión de sastre, y los propietarios de la sastrería estaban decididos a pagarle los estudios hasta que alcanzase el título de cortador. Aunque no eran aficionados a los toros, no les molestaban las aficiones del muchacho.
Un día, a la vista del interés de Fermín, hablaron con su padre para hacerle saber que había llegado el momento de costearle los estudios. El padre les contestó que estaba agradecido por el gesto tan generoso. Pero ponían como condición que abandonase la tauromaquia.
El padre se lo comunicó a Fermín que acogió la noticia con cierta ironía y les hizo saber a todos, que si, que iba a ser cortador, pero cortador de orejas.