Martes, 25 de marzo de 2025. Plaza de toros de Castellón. Un cuarto de entrada en tarde agradable y entoldada. Reses de Sepúlveda, bien presentados y de buen juego. Manuel Quintana, de la escuela de Córdoba, vuelta tras aviso. Abel Rodríguez, de la escuela taurina de Castellón, vuelta tras aviso. Manolo Martínez, de la escuela taurina de Málaga, saludos tras aviso. Iker de Virgilio, de la escuela taurina de Castellón, dos orejas. Luis Expósito de la escuela taurina de Ciudad Real, vuelta tras aviso. Cristian Restrepo, de la escuela taurina de Navas del Rey, vuelta tras aviso. José del Castillo, oreja tras aviso. Entre las cuadrillas se lució en banderillas, José Vicente Almagro.Presidió Román Ferrer.
Enrique Amat, Castellón
Prosiguió la feria de la Magdalena de Castellón con el primer festejo con participación de alumnos de las escuelas de tauromaquia. En esta ocasión era una clase práctica, a la que seguirá una novillada sin picadores. Dos festejos de promoción con los que Castellon va a vivir ocho días seguidos de toros. Eso es bueno para la empresa, para los aficionados, y sobre todo, por lo que significa para la promoción de los nuevos valores. Y siempre es plausible que en los ciclos feriales se programen este tipo de espectáculos de promoción.
El aficionado debe acudir a los mismos. Y uno, cumplió. Pero antes tuvo el placer y el privilegio de reunirse en una mesa con amigos como Manolo Carrion, Emilio Miranda y Amadeo Pitarch, quien este año debuta en funciones de apoderamiento. Excelente condumio y compañía, y mejor sobremesa hablando del toreo, del Derecho y de la vida. Luego, a la plaza, a ver a la cantera.
Para examinar a estas jóvenes promociones, se eligió un encierro del hierro salmantino de Sepúlveda. Compusieron un lote de astados bien presentado y que dieron buen juego.
El primero se movió en el capote, se dolió en banderillas y en la muleta fue y vino, noble y repetidor. También se dejó el segundo, noble, aunque algo escaso de fondo, le costó mucho y protestó en los embroques. El burraco tercero, corretón y algo desordenado, temperamental y algo protestón, resultó exigente y tuvo mucho que torear. Pero siempre quiso romper hacia delante. El castaño cuarto tuvo tranco y mucha transmisión en banderillas. Y se desplazó con viajes largos y siempre buscando muleta, aunque algo blando y perdiendo las manos más de la cuenta. Se dolió mucho en banderillas el quinto. Luego, en el último tercio, se vino de largo, con celo y muchísima transmisión. Asimismo apretó en banderillas y tuvo mucha movilidad del sexto, sobrado de codicia y celo. Y el añojo lidiado en séptimo lugar, coloradito, indisciplinado, manso y huido, no sirvió.
Manuel Quintana, de la escuela de Córdoba, se mostró como un torero de corte. Compostura, aseo y corrección tuvo su labor al que abrió plaza, en un trabajo de limpio trazo en el que mostró un notable concepto y una excelente expresión. Eso sí, no faltó una excesiva frialdad en todo aquello, lo que hizo que la faena no llegase al público. Fue aparatosamente cogido, por fortuna, sin consecuencias. Mató de media estocada y un descabello.
Abel Rodríguez, de la escuela taurina de Castellón, no tuvo empacho en irse a portagayola a recibir el segundo. Lanceó con variedad y firmó una torerisima apertura de faena, sacándose al novillo a la boca de riego. donde muleteó con expresión, verticalidad y sentido de la ligazón. Tuvieron impronta sus pases cambiados y trincherazos. Luego falló con las armas toricidas.
A Manolo Martínez, de la escuela taurina de Málaga, se le vio como un torero enterado y con oficio. Pisó la plaza con seguridad y aplomo y luego muleteó con sentido de la ligazón, siempre bien colocado y manejando los engaños cont templanza y facilidad. Pero luego dió un sainete con los aceros.
Iker de Virgilio, de la escuela taurina de Castellón, recibió a su novillo con una larga en el tercio, al que toreó con lucimiento con el capote. Luego banderilleó ganando la cara al novillo, que le apretó mucho. Comenzó de hinojos con muletazos por alto su faena, en la que sobresalió al natural, alargando los viajes y llevando al novillo muy embebido en los vuelos de la muleta. Abrochó su faena con las dos rodillas en tierra, pegándose un arrimón. Mató de una estocada muy trasera.
Luis Expósito, de la escuela taurina de Ciudad Real, muy bien, vestido de torero, lanceó con garbo y pinturería, aunque algo movido, por verónicas y chicuelinas. Con la muleta se lució por su buen concepto, sentido de la ligazón y ortodoxia en sus formas. Pero mató mal.
Cristian Restrepo, de la escuela taurina de Navas del Rey, firmó un aplaudido quite de frente por detrás en el quinto. Al suyo lo toreó con el capote con templanza, cadencia y mucha expresión. Con la muleta comenzó toreando en redondode rodillas, fuera de la raya. Puesto, placeado, seguro y con oficio, firmó un trabajo de excelente nota. Luego se pasó en el metraje de su faena, y aquello se diluyó. También mató de forma deficiente con los aceros
José del Castillo, es un joven novillero de Sagunto, que está empezando en la profesión. Hijo del que también fuera novillero Jose Luis Ortiz, se le vio con desparpajo y buenas formas frente a un astado mando y huido que no le dio opciones.








