
Torero de gran calidad, con una excepcional interpretación del toreo al natural, en esta ciudad fue un ídolo, desde su debut el 28 de abril de 1974, en el que mató una novillada de Campos Peña, alternando con Ortega Cano y Salvador Farelo y a la que le cortó dos orejas. El 19 de mayo corta tres orejas a un encierro de Sorando acartelado con Copetillo y Sebastián Cortés. Otras dos de un lote de Fernandez de León el domingo siguiente, junto a Rafael Ponzo y José Lara. Y aún volvió otra tarde con Copetillo y Paco Lucena. Incluso el doctorado estaba anunciado en Valencia el día del Pilar de manos de Antonio Bienvenida con Palomo Linares de testigo, pero la lluvia dió al traste con el festejo.
“Así fue. Aquel día llovió, y fue una pena, porque además los Lozano habían planteado este festejo de una manera especial, en base a la conmemoración del descubrimiento de América. Hicieron una maravillosa propaganda. Pero llovió y se suspendió. Al día siguiente siguió lloviendo y finalmente se tuvo que celebrar en Benidorm el domingo siguiente. Y en esta ocasión fue Palomo Linares mi padrino, en un festejo en el que toreamos mano a mano. “
Llegó muy preparado.
“Sí, porque había toreado noventa novilladas picadas entre España, Colombia, México, Ecuador y Venezuela. La verdad es que fue una alegría que Palomo me diese la alternativa. Porque con él, junto con los Lozano, tuve una gran relación. Era mi amigo y cuando llegué a España me regaló tres o cuatro vestidos con los que toreé toda la campaña en España, blanco y oro y blanco y plata.Y luego no solo fue mi padrino de alternativa, sino de la confirmación en Madrid y también en Bogotá. Era un fuera de serie. Además, aquí en España vivíamos los dos en Alameda de la Sagra. Yo en casa de los Lozano. Convivíamos mucho. Fue un personaje importante, con una raza, con un genio y con una ambición impresionantes. Yo le admiraba mucho. A veces volvíamos de haber toreado en una plaza, y después de haber salido a hombros, íbamos por la carretera de noche, y le hacía parar a Eugenio, el mozo de espadas. Le pedía que le montase una muleta y se ponía torear en la cuneta. Y me decía lo que había que mejorar, las cosas que había que corregir de lo que no había salido bien esa tarde. Como digo, un fuera de serie.”
Luego volvió a Valencia, ya de matador de toros, dos tardes en el año 1975. Ahí también fue protagonista la lluvia, porque estaba anunciado el 18 de marzo, por el agua se aplazó y tuvo que torear el día José de San José por la mañana. Y aquel día sonó la mascletá durante la actuación de Dámaso González y hubo que parar la lidia.
“Son las cosas de la vida y del destino. Aquello fue otra anécdota más. Lo cierto es que luego volví a Valencia en la feria de julio. En ambas corridas corté una oreja.Y ya no regresé más. Pero siempre me sentí muy querido allí, yo metía mucha gente en la plaza. Recuerdo mucho a aquellos aficionados y a todos los valencianos. Y desde aquí rezo ahora mucho por ellos y me acuerdo mucho de ellos ahora que ha pasado con la Dana. Los tengo en mi cabeza y en mi corazón, y son uno de los recuerdos más bonitos que me he llevado de esta profesión. Recordar aquello es muy grato, una maravilla. Han pasado cincuenta años, pero los tengo muy vivos en el recuerdo y en el corazón.”
Sus comienzos fueron en su país.
“Mi padre fue el que me enseñó a ver toros. Era muy aficionado. Vivíamos en Fusagasugá. Y comencé a torear en Colombia por los pueblos. Astados de media casta, unos toros criollos que se trajeron los jesuitas para que cuidaran de sus propiedades y que embestían como embestían. Yo toreaba de todo, de novillero, de maletilla, lo que saliese. Conocía a un picador que había sido el maestro de toreros como Pepe Cáceres y Alfonso Vázquez II. Y él me enseñó a manejar el capote, la muleta, el sentido del ritmo, a colocarme en la plaza. Entrenábamos en un parque que había cerca de la plaza de toros. “
Usted vino España por primera vez en 1972, tras haber actuado en Colombia, Venezuela, México y Perú.
“Ya estaba bastante rodado y me vine con un apoderado, pero no pude lograr acabar de meter cabeza, por lo que me volví a América. Pero yo no quería regresar a mi país sin haber triunfado en España, y entonces me fui a Venezuela. En Caracas tenía un gran ambiente. Me vio Domingo Dominguín, le gusté mucho y se lo dijo a los Lozano. Como digo, no pensaba regresar a Colombia si no era como matador de toros. Pero los Lozano, que llevaban la plaza de Bogotá, me pidieron el favor de torear unas novilladas organizadas por ellos en Bogotá y en Colombia, para dar ambiente y ayudar a que aquello se consolidarse. Y decidieron apoderarme. También se había interesado por mí Manuel Chopera, pero al final los Lozano se hicieron cargo de mi carrera.”
Debutó con picadores en su país.
“La primera vez fue en Bogotá en el año 1973. Tuvimos un buen resultado económico y artístico. Toreamos mucho. Y de ahí ya me vine a España con ellos y entonces empecé mi carrera de verdad en España. Como ya venía muy placeado, las cosas empezaron a salir bien. Y mi plataforma fue Valencia, donde tuve grandes éxitos. Luego también toreé en muchas plazas importantes,aunque sufrí dos cornadas en Barcelona y en Sevilla por lo que perdí unas diez tardes antes de la alternativa. Los percances en esta profesión no faltan, hay que asumirlo.”
Valencia fue la plataforma. Y aquí, incluso después de muchos años, usted seguía teniendo una peña que colocaba su pancarta en todos los festejos que se celebraban en esta plaza.
“Me lo contaba Enrique Ponce cuando venía torear a Colombia, que tenía una peña en Valencia, y que siempre estaba la pancarta con mi nombre y una bandera de la senyera en todos los festejos. A él le sorprendía mucho y decía que eso revelaba el cariño que me tenían en su Valencia.”
Le tocó alternar en una época importante del toreo. Paquirri, Manzanares, Capea, Paco Camino, el Viti, Diego Puerta, Antonio Bienvenida.
“Aquello era un gran elenco de artistas. Incluso Luis Miguel Dominguín reapareció por aquellos días. Y también participé en la corrida de la reaparición de uno de mis ídolos como Manuel Benítez El Cordobés en Bogotá. No era fácil hacerse hueco entre todas aquellas figuras. Salíamos muy picados al ruedo, no nos dábamos tregua y triunfar no era fácil. Y luego en Colombia estaban otros grandes toreros como Pepe Cáceres, Jaime González El Puno, Enrique Calvo El Cali. Fue una época de oro en Colombia. Y como digo, entre Palomo Linares, El Capea, Dámaso González, nos dábamos mucha leña. Aunque luego, en la calle, ya era distinto. Con Dámaso me unía una gran amistad.”
Su plaza más querida debe ser Bogotá.
“Por supuesto. El fotógrafo Manuel H, que vio todos los festejos en la Santamaría, de cualquier categoría que se celebrasen, dice que yo fui el torero que más veces hizo el paseíllo en esa plaza. Y en España le tenía mucho cariño a las plazas en las que toreé. Valencia, por supuesto, pero también Barcelona, Albacete, Alicante, Sevilla. Sin embargo, por el norte no actué, porque eran plazas que llevaba Manuel Chopera, quien por aquel entonces no se llevaba bien con los Lozano, y no me pusieron por aquellas plazas, que fueron las únicas de España que me faltó por pisar.”
Pero no faltó Madrid, la catedral del toreo.
“La plaza que da y quita. Todas las aficiones de cada plaza tenían sus peculiaridades, pero todas eran muy entendidas. Madrid, como digo, es la catedral. Bogotá, y luego México, una plaza muy exigente. Lima y también Quito. Y en Colombia Cali, donde en la feria que se daban hasta catorce días de toros, incluso festejos por la noche, y se vivía la fiesta con mucha alegría Y otras ciudades de mi país como Medellín, Manizales, Cartagena de Indias, Sogomoso. Cada una con su exigencia y su seriedad.”
Tantas plazas importantes en Colombia, y ahora la situación está complicada.
“Sí, pero no sólo en Colombia, también en México y en España. Es una pena muy grande. Los gobiernos de izquierdas quieren acabar con los toros, con la historia, con esta cultura, con esta tradición. La fiesta brava da trabajo, da categoría a las ciudades, atrae visitantes, genera música, arte y afición. Yo vivo en Estados Unidos, pero sigo la fiesta muy de cerca, tanto México, como Venezuela, Colombia, España y Perú. Y hay que esperar y confiar que las cosas mejoren. Mientras haya un toro bravo y una persona que quiera ponerse delante y querer crear arte con él, y que la gente siga yendo a la plaza con esperanza, con alegría y con ilusión, esto no se acabará nunca. Aquí en Colombia incluso se ha acabado la información taurina. Es triste todo esto.”
Si echa la vista atrás, años, su balance debe ser positivo.
“Por supuesto que sí. Yo estoy satisfecho y conforme con lo que fui y llegué a ser. Esperaba haber llegado a gran figura del toreo, y me quedé en un buen torero. Qué no es poco. Con la satisfacción del deber cumplido y de haber conseguido muchas metas. Por ejemplo, recuerdo que fui el primer novillero en ganar un trofeo que daba el programa Clarín de Radio Nacional de España. No he llegado a cotas por ejemplo como ha llegado mi paisano César Rincon, pero estoy satisfecho. He conseguido muchas metas. Ser un torero reconocido y de buen cartel y prestigio, y he podido dar estabilidad y confort a mi familia. Vivir bien, comprarme una finca, y tener todo lo que deseé. Todas las cosas que he tenido y que quise tener las he logrado gracias al toro. Y he podido dar todo lo bueno a mi gente. A mi familia. A mis hijos. Mi hijo es futbolista profesional y ha jugado en equipos como el Millonarios de Bogotá, donde su momento jugó el gran Alfredo Di Stefano. Y mi hija María es periodista, y ha trabajado en España con Alberto Bailleres. Qué más puedo pedir.”
Tenía una concepción pura del toreo.
“Yo no llevaba la faena predeterminada desde el hotel, había que adaptarse a las circunstancias. Yo toreaba mucho de salón. Era muy perfeccionista. Pablo Lozano, al que con toda justicia apoderaron como La muleta de Castilla, me enseñó la técnica, el oficio, andar por la plaza, colocarme y a manejar la muleta. Asimilé mucho sus enseñanzas. Y luego yo trataba de poner sentimiento, mi sello especial.”
Y todavía le recordamos los aficionados después de cincuenta años. Por algo será.
“Eso es lo más importante. Que ustedes sigan recordando esa manera que tenía yo de torear al natural, adelantando la muleta, llevando al toro muy toreado y trayéndomelo para detrás. Y después de tanto tiempo pasado, si ustedes tienen todavía en su cabeza eso, es que algo fui en el toreo.”









