Fernando Machancoses tiene su ganadería en la localidad valenciana de Cheste. Es uno de los criadores de ganado bravo más importantes de la provincia de Valencia.
“Las instalaciones sufrieron mucho destrozo con la Dana. Por fortuna, ninguna persona ni ningún animal se vieron afectados ni murieron. Pero se produjeron muchísimos destrozos. Por la mañana teníamos planeadas las labores de saneamiento en la finca y lo suspendimos porque llovió con mucha fuerza. Cayeron 66 litros y paró. Y a partir de las 15.30, cuando estábamos en casa empezó a llover mucho y se desató todo. “

Y a esperar.
“A la finca no pudimos ir hasta la mañana siguiente. El puente del Pollo se cayó y le pasó el agua por encima. Al puente de la A3 se lo llevó el barranco y tuvimos que bordear unas carreteras comarcales para poder llegar a la finca.. El que ha hecho más daño ha sido el llamado Barranquet, menos mal que los animales se refugiaron en la parte alta de la finca y se salvaron. Eso sí, la plaza de tientas tenía metro y medio de agua y estaban todas las puertas arrancadas. Aquí vienen a entrenar casi todos los viernes los alumnos de la escuela taurina y ahora lo tenemos que dejar aparcado hasta más adelante.”
Y también se habrán suspendido festejos, porque el Bous al Carrer dura todo el año.
“A nosotros nos faltaban cuatro festejos. Y ahora para San Antón empezarán a volver a organizarse espectáculos. Tenemos la agenda apretada. Pero ya veremos. Ahora las vacas están más justa para parir, porque no llegan los vallados. Lo malo han sido los daños en la ciudad, el término municipal, pero en Cheste prácticamente no ha habido nada en la ciudad aunque sí en las comunicaciones. En Chiva tuvieron la desgracia de que el barranco atraviesa la ciudad por el medio y se lo ha llevado todo por delante. En Cheste, el barranco del Pollo lo bordea y de ahí nos hemos salvado.”
Ahora toca trabajar.
“Por nosotros no va a quedar, pero se necesita mucha ayuda. Que esto no se va a acabar en un mes. Esto va a necesitar años para volver a recuperar su normalidad. Pero la ayuda más grande, aparte de la económica, de la material, lo importante es que poco a poco la gente vuelva a tener trabajo. Que las empresas se vuelvan a poner en marcha, que puedan funcionar. Eso es lo más importante. Si la gente gana un jornal, las cosas se ven de otra manera. Pero ahora hay mucho trabajo por delante y la administración tiene que ayudar a que se puedan abrir las empresas y que haya trabajo para la gente. Eso es lo más importante. “
El alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia Bruno Gimeno vive en Sedaví, una de las localidades más afectadas por este problema.
“Yo no me puedo quejar. Hemos tenido daños materiales, perdido la moto, el coche, pero mis padres, mi hermano y mis abuelos están bien. Eso es lo más importante, la vida. Lo demás, trabajando y esforzándose lo podremos sacar adelante.”
Y sobre todo, ayudar.
“Eso es a lo que nos estamos dedicando todos estos días. Ayudar en lo que podamos y a seguir adelante. Esto, de todas maneras, es muy fuerte tanto en lo físico como en los psicológico. Afecta mucho ver sufrir a la gente a la que quieres. A tus vecinos de toda la vida. A la gente mayor, a los niños. Por eso digo que las motos, los coches no tienen más importancia. Lo importante es estar vivo.”
La Dana le pilló en su pueblo.
“Pues tengo que decir, valga la expresión y aunque suene raro, que todavía tuve suerte de que estaba en Sedaví. Porque la semana pasada estuve en Bocairent, donde estoy muchas veces durante el año. Y dentro de lo que cabe, me alegré de estar aquí y no en Bocairent. Porque así, desde el primer momento, ya pude ayudar a mi familia y a todos mis paisanos. Y luego han venido mucha gente, muchos amigos y profesionales del toero como Aarón Palacios, Miguelito. Amigos para todo. Pero no solo amigos, la solidaridad de gente que incluso no conocías, que llegaban de fuera. Ha sido y es impresionante.”
Esto es una de las pocas cosas bonitas que se puede contar de la pandemia.
“Fui a la planta baja que tiene mi abuelo para ayudar. Y me encontré con 22 personas. 10 eran amigos, pero las otras 12 eran gente que yo no conocía de nada, que habían venido de fuera y estaban dejándose el lomo y los hígados para ayudar en todo lo que pudieran. Porque esto ha sido muy fuerte. Lo que puede verse en televisión no tiene nada que ver con la realidad, que supera todo lo imaginable. Un día fui a Valencia al entierro de un desaparecido de Sedaví, un amigo a quien se lo llevó la riada. Y verme en Valencia fue todo un oasis. Era como vivir en otro mundo. Todo estaba ordenado, no te manchabas los zapatos al pisar la calle, era vivir con normalidad. Eso era algo excepcional y que te hacía valorar las pequeñas cosas. Que a la larga son las importantes y a veces tenemos que tenerlo en cuenta.”
El día a día se hace duro.
“Sí, porque te encuentras sumido en un auténtico caos. Ibas a ayudar por todas las casas, de un sitio a otro, tratando de ver a quien podías echar una mano. Luego ya se va limpiando poco a poco y ahora está todo más ordenado, dentro de lo que cabe. Pero todavía queda muchísimo trabajo por hacer. Yo a veces cuando tengo un rato y, para despejarme un poco de tanta tensión, intento entrenar en casa. Pero solo puedo utilizar la muleta, porque el capote no tengo espacio para utilizarlo en mi mi piso.”
Lo que son las cosas, dos semanas antes, se había suspendido una clase práctica de la escuela en Bocairent, porque había caído algo de lluvia.
“Pues menos mal que no nos pilló allí, la verdad. Porque esto no se lo esperaba nadie. Esto ves en la televisión que sucede en otros países y en otros continentes, pero nunca te imaginas que te pueda pasar a tí. Este auténtico tsunami te suena una cosa de película y de ciencia ficción. Pero bueno, aquí estamos para afrontar la adversidad, ayudar a la gente, venirnos arriba y tratar de salir adelante, aunque va a costar mucho volver a la normalidad. Pero la vida es así. Por algún lado nos tendrá que llegar una recompensa.”
El matador de toros, Juan Vicente Tomas vive en Massanassa y venía de protagonizar una buena temporada, en la que ha alternado en varios festivales con toreros de solera, como Ortega Cano y Finito de Cordoba. Y ahora ha tenido que afrontar otro tipo de compromisos.
“Yo vivo en una casa en el alto y en ese sentido, personalmente no me afectó. Pero los daños en lo material han sido incalculables. Tengo un negocio en un bajo de 600 metros, para trastero y alquiler de coches y había caído agua a dar y tomar. Un caos. Se lo ha llevado todo por delante. Pero de todas maneras, tengo que decir que la Dana, si no nos ha llevado por delante del todo, nos hará salir más fuertes seguro. Hay que hacer esa lectura positiva.”
Algo que no se esperaba.
“Algo inimaginable. A mí me pilló cuidando a una tía que tengo con cuidados paliativos. Lo primero que pensé fue en en sacar el coche del garaje y dejarlo en una acera. Y de momento no llovía, y lo dejé en una acera. Pero luego se vino una ola de agua. Nunca había visto una cosa así. El agua empezó a crecer. Veía que el agua arrastraba a la gente y se los llevaba por delante. Y uno no podía hacer nada. Ahora se ha quedado todo como si estuviéramos en la Edad Media. El barro, el agua, todos los destrozos. Yo he habilitado dos locales para alojar a la gente, dar comidas, y estar con ellos y darles alojamiento y alimentación.”
Pasaban los días y las ayudas no llegaban.
“Así es. Tanto en Massanassa, como en tantos otros pueblos nos hemos sentido abandonados. Ha faltado una reacción a tiempo y una capacidad de gestión por parte de las autoridades. Los políticos se han dedicado a tirarse los trastos a la cabeza, los unos a los otros, a señalarse culpables, a buscar rendimiento político, sin pensar en la gente. Habiendo muertos, habiendo desaparecidos, habiendo tantos y tantos destrozos materiales en casas, en negocios, en empresas. Es lamentable. Aquí faltaba gente con talento para que organizase todo esto y lo sacase adelante. Como digo, no ha habido reacción a tiempo en los primeros días. Eso sí, los voluntarios se portaron de diez. Pero todas estas energías necesitaban una buena dirección organización .”
Lamentable.
“Es que se le llevan a uno los demonios ver que había dos personas muertas en una casa y que estuvieron allí tres días, abandonadas. Ahora el día día es como estar en otro mundo. La moneda no funciona, yo no he utilizado un euro hace muchísimos días. El barro es muy complicado de limpiar, porque se vuelve a solidificar entre el agua, la tierra y vas quitando, pero va habiendo cada vez más. Yo en mi negocio, en los 600 metros en el bajo no paramos de limpiar. Ahora hacen falta escavadoras para ir tirando cosas. Lo cierto es que hay que ser positivo. Estoy vivo y ya está. Y hay que afrontar lo que viene. Pero vives en una situación en la que parece que estás flotando, que no lo puedes pensar. Es un toro muy complicado que nos ha tocado lidiar.”
“Es lo que te he dicho. Esto es como una película de ciencia ficción en el cine. Lo habías visto en algunas situaciones como el tsunami de Malasia. Pero hay que vivirlo. Hay que aplaudir la reacción de los voluntarios que, eso sí, se han entregado en cuerpo y alma, con su esfuerzo, su tiempo, su trabajo, su dinero y dedicación por amor al arte. Y la reacción del mundo del toro también está siendo muy buena. La ayuda a los damnificados. No queremos dar pena, porque esto nos va a hacer más fuertes. Ahora queda trabajar mucho, rezar por los desaparecidos y también rezar porque los políticos entran en razón y lleguen las ayudas. Porque esto no se arregla solo. Porque esto desborda todo esfuerzo humano.”
Nek Romero ha vivido un año de contrastes. Intensa temporada en plazas importantes y una alternativa de lujo. Y, llegado el momento de celebrarlo, se viene la Dana.
“Las cosas pasan porque pasan, y por alguna razón sucederán. Y aquí estoy luchando y dándolo todo. Ahora tengo la obligación de dar a Algemesí lo que Algemesí me ha dado durante toda mi vida. Yo el día de la inundación estaba entrenando en el centro polivalente y fue muy duro. Pero me siento satisfecho. Porque me quedé allí y así pude salvar la vida de cuatro personas a las que les venía arrastrando la corriente. Les abrí las puertas y, aunque entrase agua en el centro, por lo menos les pude echar una mano y de esta forma lograron refugiarse y salvar la vida.”
Dentro de la desgracia, es una experiencia satisfactoria.
“Fue muy emocionante, incluso a los pocos días una señora me escribió y me agradeció el hecho de que estaba muy feliz porque volvió a ver a su hijo gracias a mí. Y a mí eso me emocionó, hasta las lágrimas. Yo no tengo hijos porque soy muy joven, pero me puedo considerar como el tío de mi hermano, y entonces sabiendo lo que siento yo por él, me puedo poner un poco en el lugar de lo que siente un padre por un hijo. Y haber contribuido a salvar a esas personas, pues es lo más grande que puede hacer.”
En Algemesí se ha cebado la Dana. Hace unos meses estábamos en la setmana de bous y ahora es como vivir en otro mundo.
“Pero es que la vida es así, y hay que tomarse las cosas como vienen y afrontarlas. Lo más satisfactorio ha sido el trabajo de la gente que ha venido de muchos pueblos de España. La gente de fuera nos ha salvado. Mi sueño es abrir la ventana de mi cuarto y verlo todo como antes. Vivir la normalidad. Hace unos días me fui a la finca de Guadalmena, a hacer un tentadero benéfico para recaudar fondos. Tengo que agradecer la colaboración de Rubén el ganadero y el matador de toros, Víctor Hernández. De camino a Jaén paramos en un bar en la carretera para desayunar. Y solo ver que te bajabas del coche y no había barro, que podías andar con normalidad, que había un bar abierto, era como vivir en otra galaxia. Yo ahora he utilizado mis capotes y la muleta como prendas de abrigo, como mantas, como almohadas. Es el mejor uso que podía hacer de ello en estos momentos.”
Las ayudas pueden venir adelante.
“Pero ahora falta de todo y nos hacen falta muchas cosas. Comida, ropa, electricidad y muchas cosas que si tenemos que esperar a que lleguen las ayudas, los negocios seguirán cerrados. Deber de agilizarse todo esto. Salimos vivos de la pandemia y tenemos que salir vivos de esto. Somos gente con valor y coraje y hay que confiar en que saldremos adelante.”
Al matador de toros valenciano, Jordi Pérez Niño de las Monjas, la Dana le sorprendió en Madrid. Pero se vino en cuanto pudo.
“En cuanto me enteré, me quería venir corriendo. Lo que pasa es que las carreteras estaban cortadas, había problemas de comunicaciones y entonces tuve que esperar. Pero en cuanto pude, cogí el coche, lo cargué y me vine. Mi primera parada fue en Chiva, uno de los pueblos más afectados. Ahí estuve con mi amigo Alejandro Contreras, el que fue novillero y ahora es mozo de espadas. Y estuve echando una mano en todo lo que pude en el pueblo, que está tremendamente afectado. El centro estaba destrozado, y te daba mucha impresión verlo. Luego me fui a mi pueblo a Carlet, para visitar a mi gente, aunque allí gracias a Dios no les ha afectado la Dana. Y de ahí me fui a Algemesí, un pueblo al que tanto quiero, al que tanto debo en mi formación como persona y como torero. Y allí fui a seguir poniendo mi granito de arena.”
Y acompañar y dar aliento a la gente.
“Por lo menos intentarlo. Lo material se puede reparar. Perder un coche, pues no deja de ser un coche, o igual se puede reparar la casa y volver a equiparla. Pero lo personal, los fallecimientos, no. Y eso te produce una gran pena y una sensación de impotencia. Ver a la gente en la calle es tremendo, esa sensación de pena, de abandono, de desolación que se vivía era tremenda. Se te ponía un nudo en la garganta. Uno procura ayudar en lo que puede, repartir cosas, comida, limpiar, trasladar camiones y furgonetas con alimentos. Ayudar a la gente. Se ha volcado mucho a gente. Muchos voluntarios. En un bajo en casa de Juan Alberto se descargaban camiones para llevar comida a la gente mayor, botas, ropa, todo lo que necesitaban. Intentar repartir las cosas de primera necesidad. Y luego sacar agua de las casas, vaciar todo aquello. Era terrible ese olor del agua, el agua anegada, putrefacta, ese barro. “
Una experiencia dramática, inolvidable.
“Y que te generan muchísima pena, pero también mucha sensación de impotencia. Me fastidiaba ver que se acababa el día muy pronto, y que necesitabas muchas más horas para seguir trabajando. Y querías ayudar y ayudar y ayudar pero no tenías todos los medios que hacían falta. Y todo te parecía poco, las horas de trabajo, lo que hacías no lo veias suficiente. Querías hacer tanto y ayudar pero llegaba un momento que no se podía más y había que esperar hasta el día siguiente. Lo cierto es que ha sido muy duro. Nos queda rezar y colaborar en todo lo que podamos. Es nuestra obligación, estar al lado de los que lo necesitan y los que sufren. “









