Con el recuerdo vivo del amigo y el torero, el bueno de El Pescaílla, uno acude a la hemeroteca y encuentra la crónica que escribió en la revista 6 Toros 6 del debut como novillero sin picadores de José Domingo García en su plaza de Algemesi en la feria de 1989.
El señor se lo ha querido llevar con él. A nosotros nos sigue dando propinas. Porque algo deberemos de seguir haciendo por aquí abajo. Y tratando de hacerlo bien. El ya está en su delantera de grada del cielo, disfrutando de la gloria y alternando con su gente y con tantas y tantas figuras del toreo que por ahí andan.
Como complemento a las sentida semblanza que ha publicado nuestro compañero Carlos Bueno en este mismo portal, aquí está el recuerdo de lo que pasó aquel día.
El pobrecito se destapó
Plaza de toros de Algemesí, 25 de septiembre de 1989. Tercera de feria. Lleno en tarde soleada. Cinco erales de Daniel Ruiz, manejables y justos de presentación. FRANCISCO PERPIÑAN (verde mar y oro), oreja. PACO SENDA ( gris perla y oro), dos vueltas tras petición. FRANCISCO HONRUBIA ( verde y oro), oreja. MANOLO CARRION (blanco y oro), vuelta. JOSE DOMINGO GARCIA (blanco y oro), vuelta tras aviso. Novillada con participación de alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Valencia.
Los chavales de la Escuela habían mostrado sus buenas maneras y el oficio que poco a poco van aprendiendo. Perpiñán, su buen corte. Paco Senda, su preparación para mayores empresas. Francisco Honrubia, casta y ganas de ser. Manolo Carrión. Un incipiente cante.
El quinto novillo le correspondía al chaval del pueblo. De aspecto un tanto solanesco, desgarbado y triste. Vestido de hambre y oro. El no es de la Escuela. Este año se foguea en la parte seria de «El Toronto», aunque apenas ha estoqueado todavía media docena de animales. Su presencia incitaba a sus paisanos a la risa, aunque luego le aplaudieron sin desmayo y le apoyaron incondicionalmente.
Salió el novillo y se lo llevó por delante al recibirlo a porta gayola. Devolvieron al escuálido animal y volvió a irse a la puerta de chiqueros, para volver a ser levantado por los aires. Pero se levantó, y toreó a la verónica, y por chicuelinas, y por faroles. Colocó tres pares de banderillas. Y con la muleta recibió a su oponente sentado en una silla, a la vieja usanza. Ya de pie, hizo gala de un variadísimo repertorio, impropio de quien se encuentra aún en los rudimentos de la profesión. Dio algún derechazo de buen trazo, naturales, trincherazos, ayudados por bajo, de pecho, kikirikíes, y mostró el artede la improvisación. Luego, matando se aperreó, empuñando el estoque con la mano izquierda.
Se contentó con dar una clamorosa vuelta al ruedo. No cortó orejas, pero dejo el pintoresco coso algemesinense sembrado en aromas de esperanza.









