Los coches de cuadrillas son algo así como arrecifes de ingenio, sabiduría y humor.
La historia, la contaba Juan Bienvenida, es difícil de olvidar.
“Llegamos a Almendralejo a las cinco o seis de la mañana. Todos medio dormidos. El chófer paró a la entrada del pueblo y preguntó:
– ¿A qué hotel vamos?
No contestó más que El Aldeano, que jamás dormía e iba siempre con los ojos abiertos como las liebres.
– Tú tira p´alante que yo te digo.
Íbamos con un Hispano con gasógeno, formando un ruido monumental. Y comienza la odisea, Tira a la derecha, a la izquierda, ahora a la derecha, cambia a la izquierda. Cuando todos creíamos que ya estábamos en el hotel, El Aldeano pregunta:
– Bueno y ahora donde vamos? ¡Vamos, a despertarse todos!”.







