Los toreros, cuando están en activo, pasan media temporada en la carretera. Y pasa lo que tiene que pasar.
Pablo Lozano contaba el siguiente caso tremendamente gracioso.
“Cuando era novillero viajábamos en una rubia, el tradicional coche Hispano Suiza de las cuadrillas. Tenía que torear en Barcelona. Al salir de Zaragoza, por aquella carretera que era muy estrecha, en una de las curvas peligrosas viene un coche flamante y nos da un leñazo. El picador Dositeo Gallego y el banderillero Madrileñito, sacaron la cabeza por la ventanilla y gritaban ¡hijos de p… cabro… que nos habeís querido matar!. Yo, que viajaba junto a una puerta, salí por por si el otro coche caía por un terraplén. Me acerqué y vi que viajaban los marqueses de Villaverde, la señorita de compañía y el chófer. Conducía el marqués, regresé al coche y les dije:
– Son los marqueses de Villaverde.
Entonces los que gritaban, cambiaron de opinión y decían: son cosas que tienen que pasar en la carretera . No hay que preocuparse, son cosas que tienen que pasar.









