Viernes, 13 de septiembre de 2024. Plaza de toros de Albacete. Un cuarto de entrada en noche fresca. Astados de Piedra Escrita, muy bien presentados y de buen juego aunque algo desigual. Al tercero y al sexto se les premió con la vuelta al ruedo. Juan Alberto Torrijos, de la escuela de València (cobalto y oro), oreja. Nicolás Cortijo, de la escuela de Albacete, (tabaco y oro), dos orejas.Alejandro González, de la escuela de Albacete, (grana y oro), dos orejas tras aviso. Juan Zamora, de la escuela de Albacete, (azul pavo y oro) oreja. Olga Casado, de la escuela Yiyo ( blanco y plata), dos orejas. Ian Bermejo, de la escuela de Castellón, (verdemar y oro), dos orejas. Entre las cuadrillas lució la brega de Javier Perea y Víctor Martínez destacó con los palos. Javier Palomeque hizo un oportuno quite. Presidió desigual Joaquín Coy. El banderillero Maestro de los Ríos fue cogido por el primero y sufrió una fractura del hombro izquierdo.
Enrique Amat, Albacete
La novillada de las escuelas de tauromaquia programada dentro de la feria de Albacete respondió Muchísima gente joven en los tendidos, lo que es estimulante y digno de resaltar. Y el festejo fue interesante, a pesar del frío reinante y de su excesiva duración, cerca de tres horas.
Los astados de Piedra Escrita exhibieron una excelente presentación y su juego cumplió, con cierta desigualdad Bien presentado, con cuajo y simpático por delante el primero, algo abanto de salida, que fue y vino, muy noble aunque escaso de entrega. Con mucho cuajo y plaza el segundo, que tuvo las virtudes del celo y la transmisión en la muleta, aunque no duró demasiado. Terciado y también muy bonito por delante del tercero, abanto y que tuvo tendencia a salirse suelto, a huir y buscar el refugio de tablas. Le faltó celo y poder. Con todo, el usía decidió premiarle con una sorprendente vuelta al ruedo. Largo y silleto el cuarto, abanto, saliéndose suelto, distraído, huyendo, y tomando los engaños con aspereza. Más terciado y escurrido el quinto, que también tuvo la tendencia a huir, y se dolió mucho en banderillas. Y asimismo tuvo presencia el jabonero sexto, que metió la cara, humilló y exhibió un excelente son.
Juan Alberto Torrijos se fue a la puerta de chiqueros a saludar a su primero, al que luego lanceó con soltura y templanza. Su banderillero, Maestro de los Ríos, fue aparatosamente cogido tras colocar el primer par. Abrió el trasteo con un pase cambiado de rodillas en el platillo su faena. Firmó un trabajo de torero puesto, limpio, compuesto, ligado y de buen aire.
Nicolás Cortijo, de la escuela de Albacete, también se fue a la puerta de chiqueros a recibir a su oponente. Luego le dió un farol de rodillas y lanceó ganando terreno. Firmó una faena de verticalidad, asentamiento de plantas y apostura, en la que lució más por el pitón derecho. Labor de largo metraje no exenta de mensaje, que remató de una excelente estocada.
Alejandro González, de la escuela de Albacete, lanceó con mando y sometimiento. Como sometimiento, mano baja y tirar de su antagonista tuvo un trabajo que anduvo por encima de las condiciones del novillo. Supo tirar de él y llevarlo muy embebido en los vuelos de la muleta.
Juan Zamora, de la escuela de Albacete, saludo con dos faroles de rodillas al cuarto. Luego lo banderilleó con espectacularidad aunque cierta desigualdad y comenzó su faena, que brindó a Emilio de Justo, de rodillas fuera de las rayas. Voluntarioso y comunicativo con el publico, si labor, afanosa y siempre en novillero, tuvo la virtud de la entrega y la disposición.
Olga Casado, de la escuela Yiyo, firmó una vibrante apertura de faena al quinto, de rodillas entre las dos rayas. Exhibió valor, asentamiento de plantas, apostura y una cierta expresión en un trabajo en el que pecó de cofillear en exceso y no templar. Pero tiene oficio y no anda falta de recursos, aunque su labor, que también brindó a Emilio de Justo, resultó larga en exceso. Mató de una estocadaal encuentro, de efectos contundentes.
Ian Bermejo, de la escuela de Castellón, no tuvo empacho en ir a porta gayola, y luego firmar dos faroles de rodillas. Asimismo, de hinojos comenzó la faena de muleta, una labor en la que sobresalíó por entender a la perfección al novillo. Se puso en el sitio y le ligó los muletazos con soltura, aunque con una firma no muy rutilante,. Pero cumplió con creces. Mató de una buena estocada.
En la imagen: Juan Alberto Torrijos









