XXVII Aniversario de la alternativa de Enrique Ponce. Artículo de Enrique Amat

Ayer se cumplió el XXVII aniversario del doctorado de un coletudo de época, quien mañana día 18 vuelve a actuar en Valencia. La alternativa de Enrique Ponce marcó el inicio de una etapa en la que el de Chiva se ha consagrado como un de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia de los últimos años en general y de Valencia en particular.

Enrique Ponce Martínez nació el 8 de diciembre 1971 en la localidad valenciana de Chiva. Sus antecedentes taurinos tienen una doble vía. Por parte paterna, su tío abuelo fue el matador de toros valenciano Rafael Ponce Rafaelillo, figura destacada de la parte final de la Edad de Plata del toreo. Por el lado materno, su propio abuelo Leandro Martínez El Montillano, quien también intentó la aventura en los ruedos, quien le inculcó la afición por el toreo. Alumno de le Escuela de Tauromaquia de Valencia, su primera actuación en público tuvo lugar en Chiva con 10 años. Y a los doce se instaló en Jaén junto con quien todavía sigue siendo su apoderado, Juan Ruiz Palomares.

Vistió su primer traje de luces en Baeza el 10 de agosto de 1986 y debutó con picadores en Castellón el 9 de marzo de 1980 con José Luis Torres y Curro Trillo en la lidia de novillos de Bernardino Piriz. Se presentó en Madrid el 1 de octubre del mismo año lidiando novillos de Lupi, tras haber ganado el prestigioso Zapato de Oro de Arnedo. En 1989 fue novillero puntero, sumando 59 novilladas, y siempre sorprendiendo por su facilidad  delante de los astados.

La alternativa

Su despedida de novillero tuvo lugar el 28 de febrero en la plaza de toros de Navas de San Juan, donde lidió mano a mano con Jocho II un encierro de Apolinar Soriano, tras dos compañas de intenso rodaje con presencia en todas las plazas importantes.

El doctorado fue en las Fallas de Valencia, el viernes 16 de marzo de 1990. Su padrino fue  Joselito y su testigo Miguel Báez Litri. El toro de la cesión fue un sobrero de Diego Puerta, de nombre ‘Talentoso’, marcado con el número 21 de 505 kilos. La muerte de este primer toro la brindó Enrique a su abuelo Leandro, y le cortó la que sería su primera oreja como matador de toros. El encargado de concedérsela fue el usía de aquel día, Oscar Bustos, a quien asesoraron Francisco Marín y la veterinaria Piedad Martínez. Su cuadrilla estuvo compuesta por los picadores Martín del Olmo y Antonio Saavedra, y los banderilleros Mariano de la Viña, Cervantes y Emilio Fernández.  Tras la corrida, el propio Enrique comentaba: “Los toros no han ayudado, pero he estado por encima de ellos. Uno se ha parado y el otro se ha rajado. Ya estoy pensando en la corrida de mañana”.

Después de torear al día siguiente segunda tarde en aquella feria fallera,  Ponce sufrió un parón en su carrera y pasó su particular travesía en el desierto. Mató otra corrida en Cadalso de los Vidrios y el 13 de mayo, festividad de la Virgen de los Desamparados, volvió a Valencia, para alternar en un festejo mixto con Juan Carlos Vera y el por entonces novillero Paco Senda.

Respecto a la citada corrida de Caldalso, Enrique decía: “Aquel día fue un cara o cruz. Una corrida desagradable y áspera. Mi primer toro me pegó una paliza y encima de ofuscó. En la enfermería me decían que no saliese, y estuve a punto de no hacerlo. Menos mal que salí, porque me sobrepuse, me vine arriba, maté al otro toro y se me fueron muchas dudas que me habían asaltado sobre mi capacidad”.

Una tarde clave

Ya no volvió a torear más hasta la feria de julio, a la que acudió con apenas cuatro corridas toreadas y escaso ambiente. Y tuvo que darse la azarosa circunstancia de tener que lidiar seis toros en solitario, para que su carrera cogiese impulso. Fue el sábado, 28 de julio. La mañana del festejo, los mentores de Vicente Ruiz El Soro y Roberto Domínguez decidieron que sus poderdantes se cayesen del cartel alegando diversas dolencias. Aunque su decisión estuvo determinada por el hecho de que en una accidentada desencajonada celebrada días antes, y que acabó bien entrada la madrugada, se hubiesen malogrado varios toros del anunciado encierro de Galache. Y Enrique, pese a su escasísimo bagaje decidió, junto con sus mentores, Luis Álvarez y Juan Ruiz Palomares, matar la corrida en solitario. En tarde de intensa lluvia, con medio aforo cubierto y vestido de blanco y oro, se enfrentó a tres toros de Galache y otros tres de El Toril. Cortó dos orejas de su primero, y despachó a su segundo en medio de una tromba de agua, que obligó a parar el festejo más de tres cuartos de hora. Se habló de una posible suspensión, pero el de Chiva decidió tirar para adelante a pesar de haber conseguido ya el triunfo.

Y, a pesar de las circunstancias, mostró una solvencia propia de un matador experimentado, cortando oreja más concedida por el usía de aquella tarde, Salvador Llamas. Se abrió un amplio crédito que le permitió comenzar a sumar contratos. Aquel día actuó como sobresaliente José Hernández El Melenas.  

Fruto de esa tarde pudo firmar bastantes actuaciones y,  tras un buen rodaje, confirmó la alternativa el 30 de septiembre de ese mismo año, con el toro Farruco, de Diego Garrido, que le cedió  Rafael de Paula en presencia de Luis Francisco Esplá. Al año siguiente, su estrategia fue placearse todo lo posible y torear mucho, de cara ir cogiendo un sitio que le permitiese consolidarse de forma definitiva. Ello propició el que no hiciese ascos a actuar por plazas periféricas y ante todo tipo de corridas.  Ese mismo año, el 15 de agosto, se presentó en Sevilla y acabó la  temporada con 53 corridas.

La campaña de 1992 fue la de su consolidación. Comenzó con una gran faena en Fallas a un toro de Peralta que pudo ver toda España a través de la televisión y ratificó aquel  triunfo el 11 de junio en la corrida de Beneficencia de Madrid, alternando con Manzanares y Rincón ante toros de Samuel Flores y abriendo la Puerta Grande por primera vez en su carrera. En 1993 triunfó de nuevo en Madrid ante un complicado toro del Puerto de San Lorenzo y la concluyó matando seis toros en Valencia con balance de cuatro orejas. Este gesto lo repitió en la misma plaza ante seis toros de Victorino como cierre la temporada de 1995.

Un torero de época

Ponce siguió año tras año triunfando en los ruedos y toreando con gran frecuencia, hasta cumplir los veinticinco años de alternativa que ahora celebra. Su portentosa técnica, su innata facilidad en la cara del toro, su clarividencia para entender y desarrollar la lidia, su dominio de los terrenos y las distancias y su extraordinaria afición le han permitido convertirse en uno de los toreros más importantes de los últimos años. La regularidad en su carrera hizo que alguno le bautizase como “Indurain Ponce”.

Es de destacar el hecho de que  batió el record que ostentaba José Gómez Gallito, al encabezar el escalafón con más de 100 corridas toreadas por temporada durante una década. Ha paseado su poderío por todas las plazas de España, Francia, Portugal, Méjico, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú a lo largo de más de dos mil festejos toreados. Y, entre otros galardones, le cabe el honor de ser el matador de toros con más indultos en la historia de la tauromaquia, treinta y nueve. Y es también el primer torero en activo que consiguió la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 2007, así como el primer torero de la historia que entra en la Real Academia de Ciencias, Bellas  Artes y Nobles Letras de Córdoba.

En el discurso que pronunció en el acto de entrega de la Medalla de Oro Enrique hacía un clarividente descripción de la tauromaquia: “Toda mi vida he querido ser torero, siempre fui torero, nací torero. Ser torero es una forma de vivir, de sentir, de ser, de respeto a los toreros y a quien todo te ha dado y todo te puede quitar que es el toro. El toreo es grandioso, mágico, tanto que es el único espectáculo artístico en el que no hay nada preparado, lo que ocurre en ese momento es todo de verdad, se desarrolla con una gran incertidumbre y en soledad en donde se funden arte y tragedia, toro y torero permaneciendo para siempre como acto único e irrepetible en la memoria de nuestras retinas y en la emoción de nuestros corazones”.

El personaje

Enrique Ponce ha sido objeto de argumento para una elevada cantidad de libros sobre su figura. Entre ellos, El éxito al natural, de Alfredo Margarito; Enrique Ponce, nieto de un sueño, de Paco Villaverde, Enrique Ponce, historia de una temporada, de Manu de Alba y Enrique Ponce, un torero para la historia, editado por La Esfera de los Libros y escrito al alimón Andrés Amorós. Éste asegura que: “Las cifras de Enrique Ponce no tienen comparación con las de ningún otro matador a lo largo de la historia de la tauromaquia. Ningún torero ha toreado tantas corridas, ha indultado tantos toros y ha abierto las puertas grandes de todas las plazas del mundo alternando con todos los compañeros, lidiando todos los encastes. Enrique Ponce ha sabido conjugar la facilidad para ver los toros con una estética que se ha acentuado a lo largo de los años” . El último libro sobre Enrique ha sido Enrique Ponce: veinticinco años de alternativa, de Paco Delgado.

Otras opiniones sobre personalidades relevantes de la cultura sobre su figura son, por ejemplo, la de Mario Vargas Llosa, quien dice de él: “Su trayectoria es un compendio de talento natural, esfuerzo, disciplina y autoexigencia desde que era un niño. Quién se iba a imaginar que aquel niño iba a ser quien es actualmente: un maestro del toreo que lleva a sus espaldas una carrera de gloria y triunfos como ninguna”. Por su parte, Albert Boadella indica que: “Enrique Ponce se olvida conscientemente de su “yo” para encarar la lidia hacia el descubrimiento de las mejores dotes del animal, situándose en un plano de enorme generosidad y reverencia con el toro. Sus faenas son actos de amor hacia él y la consecuencia es un ensamblaje perfecto”, en tanto que Fernando Sánchez Dragó le dice: “Tardará mucho tiempo en nacer un torero tan cabal, tan Rabal, tan Juncal, tan Dominguín, tan Bienvenido, tan espléndido, como tú”. Y el magistrado y escritor Mariano Tomás Benítez analiza su figura: “Enrique Ponce es una historia contundente. Ha tenido el proyecto constante del equilibrio. Equilibrio entre cabeza y corazón. Equilibrio entre forma y profundidad. Y equilibrio entre verticalidad y curva. Situado en el nivel escalafonal más alto, su nombre es eje definitivo de la fiesta actual. El tiempo ha destacado su auténtica valía, al des­cubrirnos un corazón capaz de competir con tan privilegiado cerebro. La naturalidad presenta como fácil un toreo hermoso y lleno de pulcritud. Y el dominio sobre el toro le convierte en el «gallito» de la última tauromaquia, encarnando la más grande figura de la dimensión valenciana del toreo.”

Nacido en Valencia en 1959. Ha desempeñado su labor en diversos medios de comunicación como Radio Nacional de España, Hoja del Lunes, EL SOL, El Toreo, Toros 92, 6 toros 6, El Taurino Gráfico, El Ruedo, La Lidia, Tendido Alto y LEVANTE EMV, aquí desde 1989 hasta 2016.

Es autor de más de veinte libros de temática taurina y es comisario de la exposición permanente del Museo Taurino de Valencia.

Ha pronunciado conferencias en las sedes del Instituto Cervantes de Beirut, Amman, El Cairo, Casablanca, Almaty, Sofía y los Clubs Taurinos de Londres y Nueva York.

Desde el año 2012 dirige el Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia y dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.