Valencia, 14 de marzo. Quinta de abono.
Novillos de José Vázquez, desiguales de presentación pero de buen juego en conjunto, bajando sólo los dos primeros.
Cristian Climent (de crema y oro), silencio tras aviso y ovación con otro aviso.
Andy Younes (de tabaco y oro), oreja y oreja.
Marcos (de sangre de toro y oro), ovación y oreja.
De las cuadrillas destacaron Iván García, Alberto Zayas, Ramón Moya y El Puchano.
Un tercio de entrada.
Paco Delgado.
Tal día como ayer, hace treinta y cinco años -que se dice pronto-, la plaza de toros de Valencia vivía uno de sus más grandes acontecimientos de los últimos años: Vicente Ruiz “El Soro” tomaba la alternativa. Aquel chaval de la huerta que había revolucionado el cotarro y logrado el milagro de que la gente volviese no sólo a ir a la plaza, sino a ilusionarse con la cosa taurina, se convertía en matador de la mano de una leyenda -y santo y seña en el coso de Monleón- Paco Camino, y lograba su primer gran triunfo al cortar tres orejas de toros de Torrestrella, mientras que su padrino dejaba para la historia y el recuerdo un puñado de chicuelinas que se guardan en la antología del toreo de capa. Y la concurrencia, que llenó los tendidos, más contenta que unas pascuas y deseando volver a los toros.
Tres décadas y media después no se puede decir que se haya avanzado, y si entonces las novilladas gozaban del favor del público y las empresas, ahora cada vez se programan menos y la gente acude poco a su reclamo.
Aún así, hay veces que dan grandes satisfacciones, como en este trigesimoquinto aniversario del torero de Foyos. Tras varios días de disgustos y penurias, en el quinto festejo del abono se lidió una novillada que hizo que los aficionados que ocuparon apenas un tercio del aforo disfrutasen con el juego dado por los astados de José Vázquez. Fue un encierro de muy desigual presentación -con diferencias de más cien kilos entre algunos ejemplares- pero de excelente juego en conjunto. Sólo los dos primeros bajaron del gran nivel general, destacando los lidiados en la segunda parte de la función.
Y en esa segunda mitad logró la primera salida a hombros de la feria el francés Andy Younes, que se había llevado una oreja de su gordo y blando primero por una faena capaz y dominadora. El quinto peleó con ganas y poder en el caballo y fue pronto y repetidor en la muleta, con gran fijeza y de rápida respuesta al cite, permitiendo que su matador dejase un trasteo vibrante y poderoso de principio y de más vistosidad que eficacia al final pero que le valió la segunda oreja al matar con rapidez.
Otra oreja se llevó Marcos del sexto, un novillo que no tuvo tanto celo en varas pero que en el último tercio fue una máquina de embestir, lo que el espigado novillero conquense aprovechó para torear con temple, quietud y ligazón, dejando ver oficio y estar puesto. Algo que ya quedó claro con el tercero, el más chico del lote, noble y embestidor asimismo, con el que compuso un quehacer templado y de compás abierto al que le faltó remate.
Cristian Climent no dio su mejor versión aunque fue el único que tuvo el detalle de brindar a El Soro, que, genio y figura, se preocupó de no salir a recibir el brindis a cuerpo gentil, como ahora parece que se estila.









