La plaza de toros de Tánger, un monumento histórico emblemático, está siendo reformada. La obra pretende devolver el esplendor de este lugar único en la historia de la ciudad, respetando su arquitectura hispano-morisca.
La empresa local encargada de las obras pretende respetar los elementos arquitectónicos introduciendo algunas notas contemporáneas.
El coso taurino de esta localidad, patrocinado por Moulay Ahmed Rissouni, uno de los jefes religiosos de la ciudad, fue inaugurado el 27 de Agosto del 1950, con un cartel compuesto por Agustín Parra Parrita, José María Martorell y Manuel Calero Calerito, quienes estoquearon toros de Fermín Bohórquez. Por delante el rejoneador Angel Peralta lidió un novillo de Juan Belmonte.
La plaza disponía de cuadras de caballos, corrales, almacenes, toriles, quirófano, enfermería, capilla, baño, sala de toreros y vivienda para el conserje. Su estructura, barreras, tendidos, palcos, andanadas y asientos eran de hormigón armado. Fue construida en 14 meses. Con una capacidad para 11.500 espectadores, su coste ascendió a 12 millones de pesetas.
A lo largo de dos décadas, por la misma pasaron ilustres espadas como Juanito Belmonte, Pepe Luís Vázquez, Luis Miguel Dominguín, Conchita Citrón, Carlos Arruza, Cagancho, Manolo Vázquez, Pepín Martín Vázquez, Julio Aparicio, Litri, Enrique Vera, Antonio Ordóñez y Miguel Mateo “Miguelín”
Los hermanos Lozano trataron años más tarde de relanzar el coso y el 12 de Julio de 1970 lograron que se reinaugurase tras quince años de cierre. Aquel día actuaron César Girón, Gabriel de la Casa y Juan José. La última corrida tuvo lugar el día 4 de Octubre de 1970. Un festejo en el que tomaron Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Casa y Manolo Lozano, quien recibió la alternativa ante reses de Eusebia Galache. Al día siguiente la gente hizo colas en las carnicerías de la ciudad para comprar la carne de los toros que había estoqueado El Cordobés la tarde anterior.
El recinto se utilizó posteriormente como Centro de Reclusión de Inmigrantes del ejército marroquí
En 2016 el coso fue declarado monumento histórico nacional. “Teníamos en la cabeza recuperar la expresión arquitectónica original del edificio y renovarlo con el ladrillo natural rojo típico de la arquitectura española de la época, que estuvo oculto por un revestimiento que desnaturalizó la expresión de la construcción. Se trataba de devolver su nobleza a un edificio ya cargado de historia”, ha declarado la empresa encargada de su restauración.









