El pobre juego del ganado condicionó fatalmente la función.
Las Ventas, 8 de junio.
Vigesimosexto festejo de San Isidro.
Corrida Homenaje a la Policia Nacional.
Lleno de “No hay billetes”.
Toros de Román Sorando, un sobrero, tercero, de José Vázquez, y otro, sexto, de Montalvo. Muy deslucidos.
Diego Urdiales, silencio en su lote.
Juan Ortega, silencio y silencio.
Pablo Aguado, silencio en los dos.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Corrida Homenaje Bicentenario Policía Nacional, que terminó con un resultado de cinco silencios y una bronca en el sexto bis de la tarde. Los toros de Román Sorando, José Vázquez (3º bis) y Montalvo (6º bis) mansearon, carecieron de la entrega necesaria, no tuvieron emoción y adolecieron de clase, faltándoles el picante suficiente para que la tarde remontara y pudiera haber sido una interesante velada taurina. La terna actuante mostró disposición, entrega y ganas pero faltó lo esencial, algo que no dependía de ellos, faltaron toros que permitieran darle interés a la corrida. Diego Urdiales poco pudo hacer con uno soso y otro que terminó parándose. Juan Ortega tuvo uno huidizo y otro sin desplazamiento. A Pablo Aguado le devolvieron el lote con el que estaba anunciado, uno de sus sobreros no tuvo entrega y el otro se orientó con mucho peligro.
Diego Urdiales saludó a su primero estirándose en dos templadas y bellas verónicas, la tercera fue con enganchón. Empujó en el caballo y al salir blandeó. Con la muleta en el tercio citó con firmeza ayudándose con la voz y dándolos con intermitencia. Estuvo a gusto en la cara, Insistió por el otro pitón, salieron de a uno con clase y templando al final con una suave trinchera. La escasa fuerza y empuje del toro no dio para más. Su segundo, cinqueño, se defendió en el caballo. Con la muleta se puso en el sitio, aguantó la exigencia del embroque dándolos sueltos. Cambió a la izquierda, empezó a defenderse entrando con la cara alta, enganchando la muleta y soltando hachazos. Consiguió hacerse con la temperamental embestida pero sin posibilidad de lucimiento.
Juan Ortega recibió a su primero, cinqueño, que dio síntomas de tener, desde que embistió, justeza de fuerza y escaso desplazamiento, imposibilitando el lucimiento con el capote. Manseó en el caballo. Con la muleta lo intentó varias veces y siempre se fue. Insistió yendo detrás del toro para sujetarlo pero no pudo ser. Siguió manseando, no quiso embestir y se mostró huidizo. Saludó a su segundo con siete capotazos pero sin parase porque no tiraba hacia delante. Con la muleta inició apoyado en tablas pasó dos veces y al tercer muletazo cayó al suelo. Lo intentó en el tercio y entró levantando la cara para volver a blandear. Luego un tercer blandeo y se fue a tablas para quedarse allí definitivamente.
Pablo Aguado se estiró por verónicas para recibir a su primero. Fue devuelto y salió un cinqueño sobrero de José Vázquez (3º bis en el orden de lidia ordinaria y 1º bis para Aguado) al que saludó en el tercio por verónicas, de las que algunas fueron lentas y cadenciosas. Se lo pasó por ambos pitones. El poco poder, la falta de clase y la deslucida embestida, con la cara alta, contribuyó para que los muletazos salieran sin transmisión. Mató de estocada arriba de efecto rápido. Al segundo bis ( sobrero de Montalvo) le recibió bregando hasta el tercio de poder a poder. Aunque finalmente pudo el torero, pasó unos momentos muy peligrosos en los que a punto estuvo de caer al albero, dándole a la ejecución de la brega aún más emoción en tan difícil trance. Embistió a la muleta con la cara muy alta. Le bajó el engaño. Siguió intentándolo y desarrolló tal peligro que lo mejor que pudo hacer fue estoquear como pudo, haciéndolo con desacierto.









