Madrid: dura, insolente y necesaria. Artículo de Carlos Bueno

La plaza de toros de Las Ventas siempre fue la más influyente del orbe taurino. Triunfar en ella es tremendamente complicado por la exigencia de su afición, de ahí la importancia y repercusión de los éxitos conseguidos sobre su arena. Y así debe seguir siendo aunque ahora el coso madrileño no tenga la fuerza de antaño. Pero sus abonados no deben confundir la insolencia con la severidad. Respeto y rigurosidad pueden ir de la mano.

 

 

 

Invariablemente Madrid ha sido la prueba de fuego para los toreros, donde más ha costado conseguir éxitos y por ello donde más valor han tenido. Ya a finales del siglo XIX, los tenderetes de los aledaños de su antigua plaza de toros vendían “Pitos para El Guerra”, signo inequívoco de la predisposición con la que los aficionados acudían a ver las corridas en las que tomaba parte el segundo Califa de Córdoba. Y es que la capital de España siempre ha sido dura con todos cuantos pisan su arena y especialmente exigente con las figuras del toreo.

 

A lo largo de la historia su público ha conseguido exasperar a más de un matador. En el caso de Rafael Guerra ‘Guerrita’ hasta tal punto que llegó a sentenciar: “En Madrid que atoree San Isidro”, y decidió retirarse estando en plenitud. “No me voy, me echan”, aseguró en una entrevista en la que el periodista le preguntó si no sentía pena por dejar la profesión, a lo que el matador contestó: “¿Pena yo?… Los que deben tener pena son ustedes, porque no van a volver a verme”. Es cierto que el famoso espada cordobés fue un tipo soberbio sobrado de facultades, inteligencia y técnica, y eso le granjeó la animadversión de los espectadores, con más inquina los madrileños, siempre dispuestos a examinar a aspirantes y, sobre todo, a altaneros.

 

Nada parece haber cambiado demasiado en más de 125 años, y quizá el día que cambie sea para mal. Porque cada plaza debe tener y mantener su idiosincrasia, y si la tauromaquia sigue conservando una fortaleza que le da valor a la entrega, ortodoxia, pureza y mérito de los toreros, y al trapío de los toros, esa es Las Ventas, áspera e intransigente, a veces cruel e insolente, siempre tan complicada como necesaria para dar sentido a la práctica más difícil del mundo.

 

Sin embargo, hay detalles que podrían pulirse y no restarían un ápice de severidad. Uno de ellos debería ser el menosprecio que demasiadas veces se muestra a cuanto realizan los coletudos mientras están toreando. Corear “miau” a cada pase porque la presentación del burel no ha gustado es una falta de consideración, y el respeto nunca debe estar reñido con la rigurosidad. Cualquier astado puede causar el peor de los desenlaces imaginados, así es que no estaría mal pronunciarse al finalizar las series de muletazos y no durante ellos. Juan Ortega sufrió tal situación mientras resultaba aparatosamente cogido, y la rigurosidad no es eso.

 

Los presidentes de los cosos taurinos han de asumir que en todas las actividades del mundo el cliente siempre tiene la razón, por supuesto también en el toreo, y el cliente es quien pasa por taquilla, paga su entrada y, por tanto, tiene derecho a demandar un tipo de toro. Cuando un equipo presidencial aprueba un animal muy al límite del trapío se arriesga a la preceptiva crítica y solicitud de devolución por parte de la concurrencia, que, por otra parte, no debería cargar las tintas contra aquellos que se están jugando la vida. También los toreros han de asumir que son actores expuestos al juicio del respetable, a quien, como su propio nombre indica, le deben respeto, una compostura que convendría que fuese recíproca.

 

Hoy por hoy Madrid es la única plaza que da y quita; no al nivel de antes, pero todavía mantiene un halo de fuerza. Por eso es tan complejo y grande triunfar en ella. Que nadie pretenda dulcificarla ni minimizarla. Pero que los buenos modales imperen en ella.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».