Miguel Ángel Perera hizo lo más destacado.
Las Ventas, 15 de mayo.
Quinto festejo de la Feria de San Isidro.
Lleno.
Toros de El Parralejo, de poco juego.
Miguel Ángel Perera, ovación tras aviso y silencio tras otro aviso.
Paco Ureña, silencio y silencio.
Alejandro Fermín, que confirma alternativa, silencio tras aviso en los dos.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Quinto festejo de la Feria de San Isidro con toros de El Parralejo que no estuvieron al nivel deseado para dar lustre a tan importante día, cual es el de la fiesta del patrón San Isidro Labrador, en el que únicamente brilló Miguel Ángel Perera, quien exhibió disposición y entrega demostrando que con conocimiento, mando, oficio, pasión y temple pueden alcanzarse cotas importantes ante el público venteño, aunque no se acierte con el estoque y los toros no lo pongan fácil. Los de El Parralejo, serios, cinqueños y con buena presencia no tuvieron lucimiento en los distintos tercios, el fuelle fue justo y la irregularidad tuvo su sitio. Los levantamientos de cara abundaron y la aspereza ocupó un lugar importante. Paco Ureña pechó con el peor lote y no tuvo opciones aunque lo intentó con muchas ganas. Alejandro Fermín, quien se presento, confirmó con uno que le duró poco y supo cogerle el sitio, exhibir quietud y estar digno en tan importante día, aguantando el tipo en el otro que fue violento.
Miguel Ángel Perera saludó asentado con bellos lances a pies juntos a su primero que manseó ostensiblemente en varas. Inició semigenuflexo con la muleta entre las rayas llevándolo largo por ambos pitones. Por el derecho toreó con suavidad en dos series en las que faltó acople por la irregularidad de la embestida. Cambió de pitón y del poco celo de la primera pasó, a base de quietud, mando y dejársela puesta, a uncirlo en la siguiente cuajando tres con lentitud, abrochados con un largo pase de pecho que el público aplaudió. Prosiguió a pies juntos siguiendo con la zurda, llevándolo largo y embebido en la pañosa. Rotunda fue la serie final, con la derecha, tirando del toro que embistió humillado en templados y largos muletazos hasta los medios. Su segundo no se entregó en el capote. Huyó y protestó descaradamente ante los picadores. En banderillas saludaron Jesús Díez “El Fini” y Daniel Duarte. Brindó al público y desde los medios citó de rodillas recibiendo con uno de mucho riesgo cambiado por la espalda, siguió con varios vibrantes derechazos y remató en pie con el obligado de pecho, ganándose al público con este espectacular inicio de muleta. Fijó las zapatillas al suelo llevándolo lento, largo y dejándoselo detrás con el público a su favor. Por el izquierdo continuó con despaciosidad, ligó y finalizó con un larguísimo pase de pecho frente a un toro que fue a menos. Desgraciadamente mató de metisaca bajo y estocada larga caída.
Paco Ureña tuvo un primero bronco en el capote. Blandeó a la salida de varas. Acudió en banderillas con nobleza y galopando. Muy dispuesto inició con la muleta junto a las rayas, se tragó dos y no quiso pasar para recibir el tercer muletazo. Por el derecho solo los admitió de a uno, con la cara alta y rebrincando. Este desrazado toro fue remiso a embestir por el izquierdo y cuando lo hizo solo pasó de a uno y punteando. Su segundo no se entregó en el capote. La primera serie por el derecho con la muleta resultó acelerada. En la segunda entró descompuesto y en la siguiente ligó cuatro, exponiendo mucho, y remató con el de pecho. A continuación empezó a tocar y puntear en la muleta saliendo enganchados. Imposible lucirse con este violento y áspero ejemplar.
Alejandro Fermín confirmó con un toro que manseó en el capote. Tuvo poca fuerza y escaso desplazamiento viniéndose pronto a menos. Alejandro se puso en el sitio y aprovechó asentado lo poco que el astado ofreció. En el otro soportó la violencia de su embroque, los soltados de cara y su escasa entrega en la muleta.









