Francisco Rodríguez Arévalo nos ha dejado. Fue un artista completo y a tiempo completo. Torero cómico, humorista, triunfó en plazas de toros, teatros, platós de televisión y estudios de cine. Valga como homenaje a su figura recordar la entrevista que se publicó en este portal en 2022, realizada en el programa Tendido 1 de Play Radio, una emisora que siente Valencia y en la que también colaboró Paco. La entrevista se hizo cuando acababa de hacer públicad unas sevillanas dedicadas a Morante de la Puebla y cantadas por María Gracia.

Enrique Amat
“Son unas sevillanas para las que me inspiré en Morante de la Puebla. Yo con Morante tengo un enamoramiento, por su forma de torear, por su manera de desempolvar añejas suertes del toreo, por todo lo que encierra este gran torero. Él es de poco hablar, pero cuando dice algo, lo dice con mucho sentimiento. También está sacando del armario de la historia cosas que hacía Joselito y las incorpora a el momento actual. Es algo muy interesante, hoy en día todos los toreros están a una altura increíble, pero lo de Morante es especial. Tira del carro. El año pasado mató toros de Prieto De La Cal, de Victorino, de muchos hierros. Hay que tener mucho valor para torear como el torea. Es bonita su plasticidad, ese rescatar series, faroles, la forma de sacar el toro del caballo, los remates, la forma de banderillear con ese arte. Y hay que tener mucho valor para pasarse al toro tan cerca. Tan despacio. Con tanto temple. Le sirven muchos toros y le valen porque, pese a ser un toro de arte o de pellizco, es un torero largo y con mucha capacidad.”
Es torero de raza y compromiso.
“Este año ya está anunciado en Valdemorillo, Cehegín, Arnedo, Illescas, Castellón, Valencia. Inauguró la temporada en un festival en una plaza salmantina. Y todo ello me llevo a escribir que está sevillanas, que las escuchó en México y le gustaron mucho.”
Se puede decir que es gente. Gente, una expresión que, en el toreo, cuando se dice esta palabra, significa mucho.
“Eso se lo oí decir a Bojilla, aquel gran torero que estuvo muchos años en la cuadrilla de Palomo Linares y que luego fue apoderado. Él, cuando veía a un torero con posibilidades, decía;” ese va a ser gente en el toreo”. Y la verdad es que Morante ha sido más que gente. Y es un torero que me motiva mucho. Los toreros tienen que ir todos a las plazas, a todos los sitios, para fomentar la fiesta y dar testimonio
Como ustedes los artistas, deben ir a todos los sitios.
“Yo en mi carrera de artista he actuado en teatros, en frontones, en carpas, en plazas de toros, en salones. Hay que ir a actuar a todos los sitios. Aunque sean pueblos de más o menos habitantes. Pequeños o grandes, todos pagan con el mismo dinero y el dinero vale igual en todos los sitios.”
La vida de los artistas y de los toreros es como aquel “Blues del autobús” que cantaba Miguel Ríos.
“Yo lo empecé a vivir con la banda de El bombero torero, allá por los finales de los años 60. En cada viaje nos hacíamos una media de 500 kilómetros. Recorríamos el país de punta a punta. Actuábamos por la noche en un sitio, y al día siguiente estábamos en otro. Íbamos y veníamos en un auténtico frenesí. Eran viajes larguísimos y complicados. Por aquellas carreteras de entonces. Era un peregrinaje, pero aquello yo era también muy atractivo. La troupe de enanos, de toreros, de cómicos. El autobús era todo un espectáculo. Solo le falta un escenario, que nosotros lo improvisábamos en la parte de detrás y ahí yo me dedicaba a hacer shows. Y fue el Gran Manolín el que me dijo una noche, allí en el autobús: “Paco, aquí llevas toda la vida. Tú eres un artista que puede triunfar en el mundo de la escena. Y aunque vaya contra mis intereses, porque eres un buen torero cómico, lo tuyo es el humor y el teatro en la escena. Así que da el salto.”
Y le hizo caso.
“Pues sí, la verdad es que me dediqué a ello. Mi padre estaba en América y se enteró por carta, porque en aquellos tiempos no había tantas formas de comunicarse. Ni móvil, ni Internet ni nada de eso. Y le escribió una carta mi hermana, para decirle que iba a debutar en la sala Ladys de Valencia. Luego ya me vio la primera vez en Madrid en la soledad de un cabaret, era un día entre semana. Allí estaba yo y unas cuantas chicas de alterne en la barra. Y sentados frente al escenario, solos mi padre, mi madre y mi tía. El cabaret entre semana era muy duro. Aquel día, cuando contaba un chiste, me daba cuenta de que mi padre ponía caras como diciendo, así no es. Porque él tenía una gran vis cómica. Y a mí me daba coraje que hiciera eso.”
Vis cómica. Es que hay que ser muy buen torero para ser torero cómico.
“Tienes toda la razón. Hay que saber de toros, de terrenos, de distancias, de recursos. Yo también le he pegado pases buenos a toros de los grandes. Pero yo quería ser cómico, como mi padre. Una vez le pegué veinte muletazos a un toro burraco y don Cristóbal Becerra, que era un gran empresario, me felicitó y me dio un puro por lo bien que había estado. Y a mi padre se lo llevaban los demonios. Porque mi padre no quería que nadie le picara la guitarra. Pero como dices, si para ser torero cómico hay que ser muy buen torero lo primero y luego tener gracia, comicidad y sentido del espectáculo.”
Es necesario el apoyo de la política a los toros.
“Hay que dar la cara y que apoyen, a los toreros y los empresarios y a todo el mundo. Porque ahora lo de ser aficionado va a contracorriente. Y todos tenemos que defender esta maravillosa fiesta, y contribuir a que se difunda y se mantenga el espectáculo. Y los políticos, los primeros.”
Ha protagonizado muchas películas, aunque ninguna de toros.
“A mí no me surgió que hiciese una película de toros. No se dio, fíjate lo que son las cosas. Sin embargo, otro cómico como José Luis Ozores, hizo una gran película con Berlanga, titulada “Calabuig”. Era esa en la que llevaba una vaca y la toreaba por los pueblos. El que sí que estuvo en el cine fue mi padre, quién dobló a uno de los humoristas más grandes de México, a Germán Valdés “Tin Tan” en la película “Las locuras de Tin Tan”. Aparecía el toro y luego mi padre salía para torear.”
Pero tendrá alguna preferida de tema taurino.
“Pues sí, la semana pasada hicieron Currito de la Cruz, que es de las películas que he visto seis o siete veces y no me cansa. Pero a mí la que más me gusta es “Tarde de toros”, aquella en la que actuaban Enrique Vera, Domingo Ortega y Antonio Bienvenida. Era una película bien ambientada y que la documentaron muy bien. Al contrario que la última sobre Manolete. Fue un horror. Estuvieron muy mal asesorados. Yo se lo dije a Santiago Segura que estaba metido en el reparto, Y hacía el papel de Guillermo, el mozo de espadas de Manolete. Y mira que el actor Adrian Brody se parecía al Monstruo. Pero el argumento, el desarrollo y el ambiente estaban muy mal conseguidos. Hizo falta un buen asesor y más profesionalidad en el cuidado del aspecto taurino”.
Hablando de México, es inevitable la referencia a Cantinflas.
“Hombre, Mario Moreno le decía a mi padre que saliese vestido de otra cosa, porque hacía su personaje casi mejor que él. Cantinflas tenía mucha afición, era un gran torero, le gustaba torear y también toreó de cómico en muchas plazas. Y tenía una ganadería. Participó en muchas películas haciendo papeles taurinos, con “El padrecito”, o “La vuelta al mundo en 80 días”, en la que compartió paseíllo con Luis Miguel Dominguín en Chinchón. Mi padre ha sido el mejor Cantinflas. Daba la vuelta corriendo por el estribo de la plaza. Era todo un espectáculo.”
No se acaba ahí la cosa, porque también otro de los personajes que inmortalizó su padre fue Charles Chaplin.
“Sí, hizo el personaje de Charlot, lo inmortalizó. Chaplin vivía en la Costa Azul y ahí un día le vio a mi padre y le felicitó. Porque además Charlot era buen aficionado. Iba a los apartados y a los corrales a ver el sorteo. Una vez me dijo que no había visto nunca una imitación tan perfecta de su figura delante de un toro como la que hacía mi padre.”
Su padre era un gran artista.
“Tenía una vis cómica tremenda. Tenía raza, valor, afición y mucho amor propio. Y sapiencia como torero. A Antonio Ordoñez le encantaba verle torear, y también al maestro Antoñete. Les encantaba por su concepto. Una vez toreó en Valencia un festival vestido de corto y la verdad es que cumplió y a la gente le gustó. Era buena gente, un gran profesional y una gran persona.”
Calanda inmortalizó al “hombre de la manzana”.
“Si, allí una tarde acabó de dar una serie de faroles de rodillas con un paraguas y cuando le tiraron una manzana la ensartó de la punta del paraguas. Y en aquel pueblo, patria chica de Buñuel, todavía se acuerdan. Y se le quedó el apodo.”
Usted debutó como torero cómico en Caravaca de la Cruz.
“Así es, y ese día maté un novillo, porque Manolín estaba herido y me tocó a mí lidiarlo y matarlo. Le corté una oreja. Mi especialidad era la ternura. Yo iba vestido de payasito, con unos pantalones algo cortos, una naricita roja, una camisa de rayas y unos tirantes. Y llevaba una maletita de donde sacaba los trastos de torear. Y daba recortes, colocaba a los toros, saltaba al trascuerno y así ponía pares al violín. Y la verdad es que le pegaba pases también al novillo.”
Las plazas más importantes en las que ha toreado.
“Hombre, Madrid por lo que significa es impresionante. Y Sevilla en especial porque al igual que en Madrid, cómo está abombada, de un burladero y otro apenas no te veías. Pero ahí se entiende de toros. Del serio y el cómico. Ahora una plaza de la que tengo en el recuerdo es la plaza zamorana de Toro. Que era de madera y era una preciosidad.”
El toreo sigue siendo una escuela de valores.
“Pues sí, es lo que significa además para un pueblo una plaza, una calle con los toros en la calle o en la plaza. Es una gran cultura, y una gran fuente de ingresos. Y luego están los valores. El respeto, el esfuerzo de los profesionales. Y da gusto ver chaval que quiere ser torero. Siempre va bien peinado, con su raya al medio, bien vestido, educado, tratando con respeto a sus mayores. En el toreo siempre se ha tenido un respeto al más veterano, a la antigüedad. Un respeto dentro y fuera de la plaza.”
Y un respeto entre los toreros
“Así es. Mi padre empezó a torear en Los Califas, donde toreó Manolete en la parte seria. Otros espectáculos como el Empastre, el Bombero, Llapisera, el Chino, ó El Toronto, quien siempre estuvo al lado de mi padre. Eran buena persona y buen artista. Pero el mejor torero fue mi padre. No porque lo diga yo, sino porque lo han dicho sus compañeros. Era un torero largo, tenía mucho repertorio. Laurelito era muy bueno, pero más corto. Don Canuto era extraordinario de facultades, o el Gran Kiki. Pero mi padre tenía una gran vena cómica. Los profesionales le tenían una consideración especial, y tenía el respeto, el que los toreros nos tienen los toreros, a los cómicos profesionales. Nosotros, entre nosotros, no nos valorábamos tanto. Pero los matadores nos tratan como figuras.”
Muchos de ellos han estado en parte seria.
“Así es. Gente como Ortega Cano, César Rincón, Espartaco. Ahora se ven a los toreros de otra forma. Antes eran como dioses. Yo me acuerdo de estar en Madrid e ir a La Campana y ver a Marcial Lalanda, era algo grandioso, me quedaba adobado como se dice ahora. Los veíamos con gente extraordinaria, fuera de lo normal.”
Ha actuado en los ruedos y en los teatros. El miedo escénico debe ser distinto en un sitio y en otro.
“En la plaza la dificultad es que sale un animal que no sabes si va a servir o si va a ser bueno o malo, si se dejará. Pero con recursos tú te organizas. Y está en tu mano. En el teatro es distinto. Estás tú solo frente al público. Tienes miedo a quedarte en blanco, a no hacer las cosas bien, a no hacer el ridículo y no salir bien parado.”
Lo de los silencios también es importante.
“En la plaza es tremendo. En el teatro sólo me ha pasado alguna vez. Como una noche en Ávila, actuando con Bertín. La gente se reía, pero sin mucho ruido. Era un público muy respetuoso y nos chocó. En la plaza lo del silencio es tremendo. Como pasa en Sevilla, que matas al toro y cuando lo arrastran, te vas al burladero y no te hacen ni caso, es lo peor. Pero que te piten a veces también es duro. Yo me acuerdo en plazas como Bilbao o Vitoria, toreando de cómicos, que se nos caía una banderilla y la gente pitaba. Y eso que era un festejo cómico.”
Es otra experiencia
“El público del teatro igual es más tranquilo, más formado, va con otra actitud. Y a veces cuando no reaccionan, nosotros nos autocriticamos. Y a pesar de ello, a veces no coincide nuestra impresión con la de ellos. Porque hay días que pensamos que no hemos estado bien y nos aplauden mucho, y al revés, hay días que nosotros sentimos que hemos estado bien y no te hacen ni caso.”
Debe ser duro tener que crear arte a una hora determinada.
“Es que debes de tener como dos máscaras. La de la tragedia y la de la comedia. Y te has de transformar, la dedicación debe ser total al teatro. Y es que, si te duele la cabeza, se te va el dolor. Tienes que hacer un fundido en negro. Aunque luego te vuelva el dolor al cerebro, pero te abstraes y dejas los problemas en el camerino. Al torero le pasa igual. Llega fundido a la plaza y luego igual se viene arriba en el ruedo. Se juntan que igual embiste el toro, el público está contento, tus compañeros arrean, se dan una serie de factores para que te vengas arriba.”
Hay muchos chistes de toreros.
“Como eso que decía Curro Romero cuando le preguntaron qué público le gustaba más, si el de Sevilla o el de Madrid, y él dijo aquello de: “el del tenis, porque es más calladito”. A mi Curro siempre me ha dicho que le gustaría vivir muchos años para hartarse de reír. Como ese otro en el que un matador le decía a su banderillero: “Jacinto, para aquí al toro. Llámeme al toro, para acá, para acá. Llévalo Jacinto, llévalo. Sácalo, quédate con él. Banderillea, llévame al toro a las tablas”. Y no hacía más que llamarle, Jacinto para arriba y Jacinto para abajo. Tanto fue así, que cuando al toro le pegaron una estocada e iba a doblar, el propio toro le dijo a Jacinto: “Hale, Jacinto hasta pronto. Ya nos veremos.”
Como decíamos, la gente del toro es de otra manera.
“Pues sí, yo me acuerdo también de ver a Rafael El Gallo en el hotel Wellington, junto con su hermano Fernando. Y gente del toro como el ganadero Antonio Mendez, tio de Jose María González de Caldas, Bojilla, Jaime Ostos o Hilario, que hacía unos botos camperos muy buenos. Eran gente que hablaban del toreo y de la vida. Te hartamos de reír con ellos. Eran sabios de la vida y del toreo.”
Su torero favorito es Paco camino.
“El Mozart del toreo. Todo lo que se diga de él es poco, admite todos los calificativos. Era un torero largo, que toreaba con la mano baja, muy despacio. Sus chicuelinas eran magistrales. La muleta siempre adelantada. Y esa forma de llevar al toro. Y además un gran estoqueador. Era un torero que tenía genio, temperamento y valor. Y eso que le pegaron fuerte los toros. Yo me acuerdo de la cornada que le dieron en Aranjuez, estaba yo en el callejón. El toro le pegó una en el cuello, y otra en el muslo que le dejó colgando la pantorrilla. Y cuando se lo llevaban a la enfermería, pasó por delante de mí. Se ahogaba. Era impresionante. Luego salió su hermano de la enfermería con las medallas en la mano. Y a Paquirri, que toreaba aquel día, no se le ocurrió otra cosa que irse a la puerta de chiqueros a dar una larga cambiada. Para que veamos la pasta de la que están hechas estos toreros. Son semidioses.”
Es gente excepcional.
“La tauromaquia es lo más grande que hay, a pesar de que haya gente a la que no le guste, y de los anti taurinos. Es un modo de vida, sin los toros no viviría mucha gente, es economía, es ecología, es nuestra cultura. Es la grandeza del toro es el campo. Ver cómo se le trata, desde que nace hasta que se muere. Es algo una cosa que tenemos que transmitir y enseñar.”









