Diego Peseiro y El Melli pasean una oreja cada uno en el arranque de Algemesí.
Algemesí, 23 de septiembre.
Primera de feria. Lleno.
Novillos de Dolores Aguirre, muy bien presentados pero de poco juego.
Diego Peseiro (de botella y oro), silencio con aviso y oreja.
Germán Vidal “El Melli” (de perla y oro), oreja y silencio.
De las cuadrillas destacaron Víctor del Pozo y David Esteve
Paco Delgado
Foto: Mateo
Comenzó una nueva edición de la Feria de las Novilladas de Algemesi, con el lleno habitual y un debut, el de la ganadería de Dolores Aguirre, que trajo un encierro muy bien presentado, con volumen y cuajo -los cuatro dieron la impresión de haber podido ser lidiados como toros en cualquier plaza de segunda- pero que dió que hacer a sus matadores, siendo el segundo el más manejable. Los dos primeros se dejaron pegar en el caballo mientras que los otros mansearon y se emplearon mucho menos.
La primera oreja de la feria fue para Germán Vidal “El Melli”, precisamente por su quehacer con ese novillo, un animal que iba y venía y que cuando se atemperó se desplazó con cierta nobleza y suavidad por el pitón derecho, por el que abundó su matador y logró los mejores momentos de una faena de poca quietud y muy de cara al tendido.
El cuarto tuvo mal estilo ya de salida y midió y esperó en todo momento a El Melli, que no tuvo más opciones que la voluntad y las ganas en un trasteo tan largo como deslavazado.
Diego Peseiro no se encontró nunca cómodo con su primero, un novillo codicioso y con genio, que se revolvía con presteza con el que no consiguió acoplarse.
Con el manso tercero, todo un toro por hechuras, se lució al torear de capa y anduvo fácil y espabilado con las banderillas. En el último tercio derrochó pundonor y ganas -poco más cabía- con un toraco feo y brusco que soltaba la cara constantemente, dejando ver oficio y no poca disposición, paseando finalmente una merecida oreja al matar con eficacia y contundencia.













