Se le pidió una oreja que el palco no concedió.
Las Ventas, 2 de julio.
Un cuarto de entrada.
Toros de El Vellosino, Lagunajanda, Martín Lorca y Las Ramblas.
José Garrido, ovación y silencio.
Álvaro Lorenzo, silencio y vuelta al ruedo.
Ruiz Muñoz, que confirma alternativa, silencio y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
No colaboraron lo suficiente los toros y mostraron querencia a tablas. El mejor fue el de Martín Lorca, con clase y un buen pitón derecho que aprovechó un entregado Álvaro Lorenzo, quien supo entenderlo e instrumentó una faena de menos a más, conectó con el público y sólo dio una merecida vuelta al ruedo. Escaso premio para una sonora petición de oreja que el Presidente denegó razón por la que escuchó una importante bronca. José Garrido estuvo decidido con su primero al que toreó con mando y gran nivel por el pitón derecho. Ruiz Muñoz no pudo lucirse en el de la confirmación, un toro huidizo y sin transmisión, en el otro le faltó decisión para dejársela en la cara y al final de la faena mostró pinceladas que resultaron escasas para el juego que podría haber dado si hubiese tenido mayor actitud.
El primero de José Garrido fue devuelto, corrió turno y en el de Lagunajanda se lució por chicuelinas bajando la mano. Vicente Herrera saludó en banderillas por un par de dentro afuera. Con la muleta cuajó templadas y mandonas series, bajó la mano y señaló poderosamente el camino al astado conectando con el público. Por el izquierdo apenas tuvo recorrido. Su segundo de Las Ramblas, grande y descompuesto no colaboró, se mostró berreón y además de puntear fue irregular. Por el izquierdo pasó descompuesto sin posibilidad de lucimiento.
Álvaro Lorenzo tuvo un primero de El Vellosino que no gustó al público. Empujó en el caballo. El respetable estuvo incordiando durante la faena de muleta, para colmo no humilló y soltó la cara. Su segundo de Martín Lorca tuvo justeza de fuerza, afortunadamente el castigo en varas fue mínimo. En la muleta se acopló, ligó desde la primera serie y las posteriores fueron de mayor encaje, con profundidad, dejándoselo atrás, enganchándolo en la cara y rematando con excelentes y lentos pases de pecho. Por el izquierdo, aunque el recorrido fue menor, le perdió los pasos necesarios para la ligazón. Sacó del toro todo lo que tenía. Hizo méritos para haber cortado oreja.
Ruiz Muñoz confirmó con un manso toro de El Vellosino que no mostró celo en el capote. Lo intentó por ambos pitones con la muleta pero simplemente pasó por el derecho y por el izquierdo ligaba dos y se paraba. Instrumentó una estética serie con la derecha y una trincherilla que el público aplaudió. Su segundo de Lagunajanda fue noble y rebrincado. Hizo el esfuerzo con el capote. En la muleta le falto asentamiento. Tardó en serenarse y en la parte final de la faena sus muletazos tuvieron mayor calidad pero no la suficiente como para remontar.
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