Rubén Pinar salió a hombros tras aprovechar el mejor toro de una desigual corrida de Las Ramblas.
Albacete, 18 de junio
Corrida de ASPRONA. Menos de media entrada.
Toros de Las Ramblas, desiguales de presencia y poca fuerza. El cuarto fue premiado con la vuelta al ruedo.
Rubén Pinar (de purísima y oro), ovación y dos orejas.
Mario Sotos (de azul noche y oro), oreja tras aviso y ovación con otro aviso.
José Fernando Molina (de caña y oro), oreja y ovación.
Paco Delgado
Foto: Alberto Núñez Aroca
No respondió la gente para presenciar un festejo tradicional en Albacete y ya en toda España, la corrida a beneficio de ASPRONA, que este año llegaba a su quincuagésimo primera edición. Una función montada en esta ocasión en base a gente de la tierra, desde los toros a sus matadores, que, además, no cobraron un euro para procurar el máximo beneficio a esta institución que tanto hace por reinsertar y dar formación a personas con distintos grados de discapacidad.
No precisó de kilos el que abrió plaza para exhibir trapío y seriedad impresionante aunque no le sobraron las fuerzas, lo que se tradujo en desconfianza a la hora de embestir, haciéndolo muy a disgusto y sin gran empuje. Rubén Pinar tiró de valor y oficio para ir sacándole los muletazos que tuvo pero sin posibilidades reales de lucimiento.
Se estiró a la verónica al recibir al cuarto, que esperó y cortó en banderillas y al que a base de mando y firmeza metió enseguida en el engaño, sacando lo mejor de su oponente en una labor tan templada como sólida y respondiendo con suficiencia a la mucha exigencia de un toro que rompió a embestir incansable y que fue premiado con la vuelta al ruedo.
Manseó de salida el brocho colorado que hizo segundo, de tampoco demasiada energía al que Mario Sotos entendió a la perfección, dándole tiempo, sitio y confianza hasta sacarle una faena si bien intermitente inteligente y bien estructurada.
Se enceló en el peto el quinto, con el que volvió a derrochar decisión y ganas aunque ahora no acabó de acoplarse totalmente con el de Las Ramblas, sacando un trasteo de mucho metraje pero también desajustes y desacierto estoqueador.
Se lució José Fernando Molina al torear de capa al feble tercero, toreando luego con lentitud y mano baja a un toro que miró mucho y no siempre embistió entregado. Mató de una estocada inapelable que por sí sola valía la oreja que se le concedió.
Costó mucho banderillear al sexto, que llegó al último tercio parado y a la defensiva, haciendo inútil el esfuerzo de su matador.









