Una tarde sin historia

Ni una sola ovación en tarde de agua y tedio.

 

Las Ventas, 26 de mayo.

Decimoquinto festejo de la feria de San Isidro.

Lleno de “No hay billetes”.

Tres toros de Victoriano del Río, dos de Núñez del Cuvillo y uno de Toros de Cortés, de poco juego.

Miguel Ángel Perera, silencio y silencio tras dos avisos.

Alejandro Talavante, silencio y silencio.

Ginés Marín, silencio y silencio.

 

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Toros de Nuñez del Cuvillo (1º, 2º ), De Cortés (3º ) y de Victoriano del Río (4º, 5º, 6º ), serios, desiguales de hechuras y comportamiento que no terminaron de dar el juego esperado, ni tuvieron la calidad deseada. El mejor fue el manso y encastado cuarto que quiso tablas y Perera lo llevó con la muleta por abajo, dándole recorrido y marcándole con firmeza el camino a seguir. Consiguió encelarlo lo suficiente para poder ligar a pesar de lo huidizo que fue y los constantes cambios de terrenos. Talavante cuajó, por momentos, naturales importantes que no se prodigaron en demasía y el respetable apreció. Ginés Marín tuvo un primero manso que se enteraba de todo lo que ocurría y fue incierto. En el último de la tarde, protestado por un sector del público, su mansedumbre y el ir a menos impidió que la faena remontara.

Miguel Ángel Perera realizó la faena a su escaso de fuerza y descompuesto primero, de Nuñez del Cuvillo, durante un aguacero inmisericorde, pacientemente aguantado por los asistentes, quienes comprobaron que no dio facilidades, levantó la cara y que sólo cuando fue a menos ganó en manejabilidad. Su segundo de Victoriano del Río recibió una muy buena brega de Javier Ambel y Curro Javier se lució en banderillas. En la muleta Miguel Ángel le bajó la mano y respondió con avidez. En la segunda serie el toro quería irse pero consiguió sujetarlo. Sin molestar le mantuvo en la muleta con pases templados y de calidad. Toreó a favor de querencia y su buen hacer fue reconocido por los tendidos. Finalizó por ceñidas bernadinas dadas muy en corto. Estuvo desafortunado con el estoque y el verduguillo.

Alejandro Talavante recibió con sentidas verónicas de manos bajas a su primero de Nuñez del Cuvillo. Comenzó en la muleta por elegantes estatuarios, pase por la espalda y pulcra trinchera. Por el pitón derecho toreó con ligazón, temple y cadencia. Con la izquierda el astado blandeó y los muletazos bajaron en recorrido y calidad. El toro fue a menos retomó el derecho y no hubo forma de que la faena remontara. Su segundo de Victoriano del Río tuvo poco fuelle pero consiguió unos naturales de calidad a media altura con acompañamiento de cintura, antes de que se agotara.

Ginés Marín en su manso y sin opciones primero de Cortés demostró conocimiento, firmeza y oficio. Estuvo pendiente del torero y agarró al suelo. En el otro de Victoriano del Río la carencia de transmisión y su ir a menos hicieron el resto.

 

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