Cortó las dos orejas a un toro de Jandilla .
Las Ventas, 19 de mayo.
Noveno festejo de abono de la Feria de San isidro.
Lleno de “No hay billetes”.
Cinco toros de Jandilla y uno de Vegahermosa, sexto.
Sebastián Castella, silencio y dos orejas.
José María Manzanares, ovación y silencio .
Pablo Aguado, silencio y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Cinco toros de Jandilla y uno de Vegahermosa, justos de fuerza y de variada condición, que en general no facilitaron la labor salvo el mejor de la tarde, que fue el cuarto, y dio juego suficiente para que Sebastián Castella, en un alarde de inteligencia y demostración de sitio, fuera capaz de acompañar la bravura en el inicio de faena y de aguantar la exigencia, cada vez mayor del astado conforme transcurrió la lidia, y cortar dos orejas. Manzanares perdió la opción de triunfo al no rematar en la suerte suprema ante su primero y en el otro no hubo forma de lucirse. Pablo Aguado nada pudo hacer con su feble primero y el sexto de Vegahermosa apenas se movió.
Castella lo intentó en el saludo capotero con el que abrió tarde toreando con pulcritud a la verónica hasta que el viento se lo impidió. Con la muleta lo intentó por los dos pitones y por ambos se quedaba corto, derrotaba y enganchaba. Por el derecho hubo mayor acople y en una serie consiguió ligar siete muletazos pero sin encaje. Su segundo salió suelto y en el capote sólo pudo bregar para sujetarlo. Brindó al público y citó de lejos pasándoselo por estatuarios sin enmendarse. Rociero humillaba, acudía con prontitud y Sebastián se la dejaba puesta. Aprovechando la codicia ligaba la tanda pasándoselo cerca con transmisión, temple y profundidad. Cambió de pitón y le salían enganchados al rematar por la exigencia del astado. Se alejó del toro, le dio su tiempo para no agotarlo y volvió al pitón izquierdo e instrumentó una serie lenta con acople y sentimiento de tres y uno de pecho llevándoselo al hombro contrario que levantó al público de sus asientos. Finalizó con unas ceñidas manoletinas.
Suelto se mostró el primero de Manzanares que no le permitió estirarse con el capote y optó por bregar hasta dejarlo en el tercio. Inició semigenuflexo por abajo. Aprovechó la transmisión, movilidad y codicia consiguiendo muletazos de calidad por el derecho. Perdió las manos y tuvo que cuidarlo para proseguir faena pero tuvo menor respuesta por el izquierdo. Con su segundo gustó en el saludo por verónicas. En la muleta manseó y se fue a tablas. Intentó estirar el muletazo por el derecho pero no hubo forma. Terminó parándose.
Pablo Aguado saludó con tres mandonas verónicas acompañadas de dos airosas medias. Pronto empezó a perder las manos. Cuidó al toro en la faena de muleta sin bajarla pero su flojera era importante, apenas pasaba y la transmisión era nula. En el que cerró plaza el viento dificultó la labor con el capote y también en la muleta. El toro se agarró al albero y cuando embestía soltaba la cara. No dio opciones.
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