Emilio de Justo desorejó al quinto de la tarde y una oreja se llevó Rufo del tercero.
Las Ventas, 11 de mayo.
Segundo festejo de la Feria de San Isidro 2023.
Lleno de “no hay billetes”
Toros de Garcigrande, el quinto premiado con la vuelta al ruedo.
Morante de la Puebla, silencio y silencio.
Emilio de Justo, ovación y dos orejas.
Tomás Rufo, oreja y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Segunda corrida de la Feria de San Isidro con ganado de Garcigrande, de variada presencia y comportamiento, de los que cuatro dieron juego y permitieron a Emilio de Justo volver a salir por la Puerta Grande, mostrando toreo de calidad en su lote y a Tomás Rufo llevarse una oreja a la que podría haber sumado otra, de su segundo, si hubiera tenido la serenidad suficiente para exigir sólo lo necesario al astado. Morante tuvo el peor lote. Protestado su deslucido primero y con escasas opciones con su manso segundo. Salió de la plaza entre almohadillas.
Emilio de Justo no pudo lucirse en el saludo capotero ante un ejemplar de escaso recorrido que apenas pasaba y reponía con rapidez. Brindó al público. Inició con la derecha y afortunadamente con mayor desplazamiento, siguió por el mismo pitón y la serie fue a más. Bajó la mano, empezó a relajarse, templó, se encajó y el público agradeció el buen hacer del extremeño. El momento álgido llegó con tres naturales y remate de trincherilla. Muy entregado estuvo y completó con otra excepcional serie por el derecho. El final semigenuflexo, lento y a media altura fue la preparación para la estocada desprendida y el premio de dos orejas que se otorgaron con benevolencia. Su primero noble, algo tardo y con transmisión le permitió lucirse por el pitón derecho con ligazón, aguantando derrotes y un parón que superó solventemente el torero.
Tomá Rufo en su primero inició de rodillas con la muleta y aprovechó su codicia para ligar siete pases derrochando valor y mando. Exigió mucho bajando el engaño con la izquierda y rematando con excelentes pases de pecho. Tanto sometió que el toro fue a menos pero los de a uno, citando a pies juntos, por el mismo pitón fueron los momentos previos del remate a la faena con una la estocada que le valió una oreja, la primera de este ciclo isidril. En su exigente segundo mostró decisión y valor aguantando probaturas del toro pero el exceso en el caballo, la inicial exigencia en la muleta y la ansieded de tener cerca la Puerta Grande le privó de salir por ella.
Morante tuvo un primero que no quería pelea y levantó la cara con peligro. Las protestas del respetable, la condición del toro y las ganas del torero hicieron el resto. En el otro la mansedumbre, el excesivo repuche del toro y los heterodoxos intentos a pase de banderillas en la suerte suprema pusieron punto final a su actuación.









