Hasta seis alumnos de diversos centros, hicieron el paseíllo para poner de manifiesto los progresos que están experimentando en su aprendizaje de la profesión.
Encastado, codicioso y repetidor hasta decir basta el primero, que fue y vino obediente. También tuvo prontitud, se vino a los engaños y obedeciendo los toques el segundo. Un espectacular pelaje tenía el melocotón tercero, que se mató al derrotar contra un burladero al inicio del último tercio. El sobrero, más serio y cuajado, tuvo una acusada querencia a los adentros, hizo su lidia laboriosa y costó mucho banderillearlo. Luego rompió en el tercio final.
Escurrido el gacho cuarto, corretón, suelto y distraído de salida y en banderillas, aunque luego repitió sus embestidas y siempre estuvo pendiente de la muleta. El quinto, abanto de salida, huía hasta de su sombra. Escaso de fuerza, embistió sin convencimiento, sin emplearse, y sabiendo lo que se dejaba detrás. Y el cierra plaza, también salió de chiqueros corretón, distraído y huido. Encastado y exigente, pidió el carnet de profesional a su matador.
El Mene lanceó con gusto y cadencia. Luego mostró su buen oficio en una labor asentada, templada y de buen concepto por los dos pitones. Eso sí, el trasteo tuvo mucha compostura, pero también pecó de frío y desapasionado. Faena de buen comienzo, que acabó diluyéndose. Al final, largo metraje, pero escaso mensaje y rematada de una estocada trasera.
Javier Aparicio se lució en los lances de recibo a su antagonista. Luego toreó con buen aire y templanza. Llevó muy embebido en los vuelos de la muleta a su novillo, en una labor de prestancia y en la que lució asimismo por los pases de pecho de pitón a rabo. Falló a espadas.
Arturo Cartagena, de la escuela CITAR Guadalajara, es un torero colombiano de Cartagena de Indias, de recias hechuras. Muy enfibrado, se quedó muy quieto y tuvo la virtud de dejar siempre los engaños puestos a su oponente, aguantando tarascadas y pisando terrenos de compromiso. Rústico en sus formas, cumplió ante un novillo rajado y complicado pero que acabó dejándose. Algo heterodoxo e iconoclasta, mató de una estocada de efectos fulminantes.
Cristian González le dió muchos pases a su novillo, en una labor de ligazón, abundante y extensa pero que no acabó de tener ni reunión ni tomar vuelo. Mató de una estocada y varios golpes de descabello.
Juan Alberto Torrijos, lanceó con torería y gustó al de tanda. Dos verónicas y la media de remate tuvieron impronta. Luego muleteó con bien aire, sobresaliendo por momentos al torear al natural con notable concepto. Todavía muy nuevo, ello no fui óbice para que plantase cara a las complicaciones de su antagonista. Resolvió la papeleta.
Pablo Vedrí toreó con el capote con vibración y entusiasmo a su antagonista, después de saludarle con una larga cambiada en el tercio. Su faena, muy comunicativa y jaleada por el público, resultó movida y sin reposo. Zaragatero y martingalista, en su faena hubo mucha entrega y disposición, pero escaso sometimiento. El novillo pareció venirle algo grande. Falló a espadas.