Bocados de futuro

José Fernando Molina y Víctor Hernández salen a hombros y confirman su madurez.

Albacete, 12 de septiembre.
Quinta de feria
Alrededor de media entrada.

Novillos de Montealto, bien presentados y de buen juego en general.

Víctor Hernández (de lila y oro), oreja y oreja tras aviso.
José Fernando Molina (de verdegay y oro), oreja y dos orejas.
Álvaro Alarcón (de blanco y plata),  ovación y silencio con aviso.

 


Paco Delgado

Fotos: Alberto Núñez Aroca

 

El lunes, siempre cargando con los excesos del plácido domingo, y el que ya la vida civil en Albacete hubiese retornado a la normalidad en todos su ámbitos -además del poco halagüeño aspecto del cielo: negro y amenazador como Hacienda- debió influir en que la plaza de Albacete registrase la más floja entrada de lo que va de feria para presenciar la segunda novillada del abono. Un festejo que, sin embargo, anunciaba, a tres de los más atractivos novilleros del momento. Con todo se logró cubrir la mitad del aforo, lo que no está nada mal, aunque en esta plaza pueda saber a poco.
Y, efectivamente, nada más romperse el paseíllo comenzó a llover. Lo que no influyó en el ánimo de Víctor Hernández, que toreó primorosamente a la verónica al recibir al novillo que abría plaza y al ejecutar las tafalleras combinadas con faroles con que quitó. Vertical, impávido, firme, demostró que sabe torear: poderoso con la derecha y rompiéndose la cintura al natural. Apuró de cabo a rabo a su buen primer oponente y demostró que está ya también para empresas mayores.
Evidenció su clase de nuevo al torear de capa al cuarto, bonancible pero con un punto de sosería y del que estuvo muy por encima en un trasteo de tanta facilidad que costó llegar al tendido.

Veroniqueó con gusto y hondura Molina al segundo, con el que dejó ver su extraordinario sentido del temple -recordando no poco al gran torero de la tierra, el inolvidable Dámaso-, llevando cosido a la tela a otro noble ejemplar de Montealto, al que sacó hasta el último muletazo que tuvo sin consentir ni un enganchón.
Tras el frustrado brindis a su cuadrilla -el novillo se arrancó de improviso al grupo-, salió encorajinado y encendido, tirando de mando y raza para someter a un astado rebrincado pero codicioso, exhibiendo de nuevo ese temple que puede ser su imagen de marca.

Apretó el tercero, poniendo en dificultades a los banderilleros de Álvaro Alarcón, que también sufrió el genio del animal, al que dio mucha coba y quizá demasiados respiros. Puso empeño, ganas y tiempo -escuchó un aviso antes de buscar la espada de verdad- pero no dio con la tecla para someter al novillo.
Con sus dos compañeros ya con la puerta grande ganada, al novillero toledano nole quedó otra que ir a por todas con el que cerró plaza, un toro con toda la barba y no poco poder, que fue a su aire y derribó sin esfuerzo al picador. Alarcón buscó su premio a base de valor y reiteración, pero quizó por un camino ya muy trillado por sus colegas y sin que las condiciones del novillo fuesen las ideales para ello.

 

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…