El 28 de agosto de 1947 España vivía una tragedia inesperada. Islero, un toro de Miura, acabó con el Ídolo de toda España.
Tras nueve temporadas como matador, con todo conseguido, un tanto agobiado por las exigencias de prensa y público, Manuel Rodríguez “Manolete”, el gran ídolo nacional tras la guerra civil, acariciaba ya la idea de la retirada. De hecho, las últimas campañas habían sido breves y en su mente ya pesaba mucho el anhelo de vivir con tranquilidad lo conseguido. Pero Balañá se había quedado con Linares, quería comenzar a lo grande su gestión en aquel coso y convenció a Camará para que Manolete acudiese a torear a la plaza de Santa Margarita.
Su reaparición en ruedos españoles tuvo efecto el 13 de junio en La Línea, cortando tres orejas, un rabo y una pata de toros de Carlos Núñez. El día 22 del mismo mes actuó en Barcelona, dos días después lo hizo en Badajoz, dos más tarde en Segovia y el 29 en Alicante. En julio volvió a torear en Barcelona, el día 6; el 10 lo hizo en Pamplona; el 16 actuó en la que sería su última corrida en Las Ventas, en la Corrida de Beneficencia, en la que estrenó el traje rosa pálido y oro que luciría en Linares el 28 de agosto… y con el que también resultó herido en Madrid, perdiendo la corrida que tenía ajustada en El Puerto para el día 20. Volvió a torear el 4 de agosto en Vitoria, en cuya plaza repitió al día siguiente. El día 6 toreó en Santander, el 8 en Valdepeñas, el 10 en San Sebastián, el 11 en Huesca, el 15 en Gijón, el 16 otra vez en San Sebastián y el 17 en Toledo. El 26 tomó parte en la Corrida de Beneficencia de Santander y de allí partió en coche para Linares…
Mucho se ha escrito y hablado sobre el torero cordobés, su carrera, legado e influencia. También sobre aquella fatídica tarde de San Agustín en la ciudad andaluza. Pero quien sí que vivió de cerca y minuto a minuto aquel día fue el fotógrafo Francisco Cano, que recordaba aquellas horas en el libro Esta es mi vida, de Francisco Picó: “La fatal cornada fue al entrar a matar. Manolete lo hizo muy lentamente a pesar de que el toro no lo merecía.
Se trasladó rápidamente a Manolete a la enfermería. La verdad es que el recinto no tenía las condiciones necesarias. Lo pusieron en la cama que había a la izquierda del recinto y se hundió porque estaba destartalada. Lo pusieron entonces en la cama de la derecha. Lo operó el doctor Fernando Garrido, asistido por su equipo médico. Se le transfundió sangre por el sistema anticuadísimo de brazo a brazo. La sangre pertenecía a un cabo de la policía armada. La sangre se había analizado por una farmacéutica que dictaminó que era del grupo cero.
También se le hizo una transfusión de un profesional del toreo retirado, Parrao. Yo era el tercer donante, por lo que me pusieron una goma en el brazo para prepararme. En ese momento llegó un señor con un maletín y dijo que había llegado el plasma…
El torero movía la cabeza de un lado para otro, no hablaba. Apenas movía los labios. Me senté al lado de la cama y escuché el ruido de unas gotas de sangre caer sobre el suelo donde había ya un pequeño charco de sangre. Manolete había muerto.
Ahí estaba de cuerpo presente, con toda su grandeza dibujada en su rictus mortuorio”.
En la revista El Ruedo, en su número 167, se reprodujo la reseña, enviada por la agencia Cifra, de aquella corrida y la actuación de Manolete: “Linares, 28 de agosto. Primera de feria. Gran expectación por la presentación de Manolete y Luis Miguel Dominguín. En los tendidos se encuentran aficionados de toda España, entre ellos don Antonio Cañero, el conde de Colombí, Álvaro Domecq, K-Híto y otros.
Lleno imponente.
Se lidian toros de don Eduardo Miura para Gitanillo de Triana Manolete y Luis Miguel Dominguín.
Segundo. Cuatro verónicas imponentes de Manolete. Tres pases colosales por bajo. Tres naturales, dos naturales más imponentes. Manolete está temerario. Da un pinchazo bueno y estocada sin descabello. Ovación petición de oreja y salida. Pitos al toro en el arrastre.
Quinto. Manolete los recibe con tres veronica superiores. Cinco en naturales imponentes y desafía al bicho en los mismos pitones. Otra serie de naturales inmensos. Molinetes y de rodillas. Caen prendas de vestir. Cuatro naturales. Cuatro manoletinas inmensas, pases por alto colosales y sigue con otros diversos para una estocada inmensa en la que sale prendido y derribado. En brazos de las asistencias estas la dado rápidamente a la enfermería, al parecer con una cornada, pues lleva la ingle llena de sangre. A la enfermería le llevan las dos orejas y el rabo que le han sido concedidos”.









