Un festejo de que ya se tienen noticias en el Gibraltar de la Edad Media.
Tras dos años de paréntesis debido a la pandemia, por fin la ciudad gaditana de San Roque volvió a disfrutar de una de sus más famosas tradiciones, el toro del aguardiente, con el que se puso el punto final a su Feria Real.
A las siete de la mañana, como marca la tradición, un toro, en esta ocasión un ejemplar de la ganadería de Gavira, salió de la barriada de la Paz minutos desués de que la peña que da nombre a la celebración repartiese una copa de aguardiente entre los miles de asistentes. Comenzó el encierro que acabó en la plaza de toros sanroqueña.
Los mozos pudieron disfrutar de carreras tanto con el astado como con las vaquillas que también salieron al ruedo para alargar la fiesta. Se pudieron presenciar momentos brillantes y también alguna voltereta, aunque los golpes fueron leves y solo algunos de los mozos afectados se acercaron a los servicios médicos para someterse a curas.
Más de un centenar de jóvenes participaron en el encierro y unas 5.000 personas se concentraron en la plaza para ver el tramo final.









