Un rotundo y brillante Manzanares sale a hombros en Castellón en el último festejo de La Magdalena.
Castellón, 27 de marzo
Sexta de feria.
Alrededor de tres cuartos de entrada.
Toros de Jandilla, el sexto con el hierro de Vegahermosa, justos de fuerza pero manejables. El mejor, el quinto.
Morante de la Puebla (de celeste y oro), ovación y oreja.
Manzanares (de ceniza y azabache), oreja y dos orejas.
Juan Ortega (de botella y azabache), silencio con aviso y silencio.
De las cuadrillas destacó la de Manzanares.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Como, siempre, tras la tempestad llega la calma y cuando llueve escampa, por fin el sol lució en Castellón. Y en una tarde finalmente primaveral -aunque con frío, no todo es posible-, la plaza registró la mejor entrada del serial y se vio un buen espectáculo y a un torero en sazón y plenitud: José María Manzanares. Y a otro que sigue agrandando su leyenda y dando lecciones de vergüenza torera y profesionalidad: Morante.
Se lidió una corrida de Jandilla, justa de presencia y fuerza pero noble y manejable cuyo máximo exponente fue el lidiado en quinto lugar.
Ese toro tuvo más celo en el caballo y motor en el último tercio, aprovechando Manzanares para componer, en un palmo de terreno, un trasteo tan poderoso como artista, con mucha expresión, de mano baja y pies quietos, ligando y rematando siempre atrás. Quiso matar recibiendo pero no se arrancó el de Jandilla, teniendo que hacerlo al volapié y dejando uan estocada caída que no fue óbice para que se le concedieran las dos orejas.
El manso segundo, al que se dio muy mala lidia en los primeros tercios, llegó con fijeza a la muleta y permitió a Manzanares lucir su estética y empaque al torear en redondo. Al natural no hubo acoplamiento. Mató con eficacia y rapidez y se llevó la primera oreja de la tarde.
Con el muy justo de fuerza primero Morante se lució al llevarle al caballo galleando por chicuelinas y al quitar por verónicas. Luego se inventó una faena que su oponente parecía no tener, pero con insitencia y sin agobiar le fue sobando hasta sacar todo loque tuvo el de Jandilla, regalando, además, media docena de lujosos detalles, pidiéndosele la oreja a pesar de lo baja que cayó la espada.
Salió muy dispuesto y con ganas ante el cuarto, que manseó en varas pero tuvo cierto fuelle en el último tercio, permitiendo a Morante firmar una faena en la que la paciencia fue su principal virtud, cuajada de detalles y momentos mientras duró un toro al que exprimió por completo, llevándose, ahora sí, una oreja pese a que otra vez se le fue la mano muy abajo al matar.
No se aclaró con el tercero Juan Ortega, que ante un toro cuyo principal defecto fue la falta de fuerza trató más de hacerlo bonito que de torear con eficacia, dejándose enganchar con frecuencia y hasta ser desarmado en un par de ocasiones.
Tampoco lo vio claro con el sexto, sin colocación ni ideas, pasando su turno otra vez entre enganchones y dudas.









