En los 135 años que va a cumplir la plaza de toros de Castellón, no sé cuántas reformas habrá sufrido/padecido/gozado, pero no muchas, ¡seguro! Este coso castellonense, con sabor a tauromaquia de un par de siglos antes, no es un modelo de comodidad en sus tendidos. Asientos de piedra, distancia mínima entre posaderas propias y las del vecino (o vecina), rodillas propias ancladas en las lumbares del espectador de delante; rodillas del espectador de detrás clavadas en las lumbares propias… Como lo leen. Incomodidad propia de la época de Lagartijo y Frascuelo que, por cierto, fueron los que inauguraron la plaza un 3 de julio de 1887. Y han pasado décadas. Hasta un siglo y casi medio más.
Y si les hablo de las escaleras que dan al piso donde se ubica la naya, ni les cuento. Escalones de madera, pero de madera tan dura como secular. Ayer mismo, cuando subía a la localidad un espectador lo comentaba, “esta fusta es antiga, però es molt bona” (esta madera es antigua, pero muy buena). Cada pisada en cada escalón y la madera cruje. Pero sigue firme, seguramente desde aquel lejano 3 de julio, cuando Lagartijo y Frascuelo.
Los palcos, también con su graderío de madera, parecen otra cosa. Y lo son. No es que sea la comodidad plena, pero ya no es la incomodidad del tendido. Y, por cierto, y en honor a la verdad, y agradecimiento pleno, la empresa ha tenido este año la delicadeza, el detalle y el acierto de ubicar a los escribidores en palcos donde incluso se han instalado unos pupitres, de madera actual, donde apoyar ordenadores y libretas. Si no he contado mal, son tres palcos para la prensa: los palcos 1 y 2, arriba de la meseta de toriles, y el 54, que está justamente enfrente, arriba de la puerta grande. Curioso: en los palcos 1 y 2 tiene su asiento la prensa valenciana; en el 54, la foránea. Digo que curioso. Y la comodidad, es un hecho. Antaño, o no tan antaño, la prensa estaba repartida por el tendido. Imaginen en tardes como la de ayer, lluvia durante toda la corrida, y los chicos de la canallesca haciendo ejercicios malabares para que proteger los ordenadores y libretas de la lluvia. E imaginen más: con lleno, por ejemplo. Gracias, empresa, que ya ensayó el asunto en aquella Magdalena del 2021 celebrada en junio.
Me dicen que la única reforma en profundidad que se ha hecho en el coso fue la ampliación de los vomitorios que dan al tendido. Antes muy estrechos, hoy amplios. ¿Más reformas? Alguna puede, pero de menor calado. Plaza de Castellón, inaugurada por Lagartijo y Frascuelo. Incómoda en el tendido. Escaleras con escalones de madera que crujen en cada pisada. Es justa y necesaria alguna reforma. Pero te echábamos de menos en una Magdalena como la de este año. Ya ves, incómoda y lo que quieras, y, sin embargo, te quiero.









