Asegura la Asociación Internacional de Tauromaquia que le llama la atención que los estamentos profesionales del toreo no sepan aprovecharse de la UNESCO y de todos los argumentos legales de que disponen para defenderse y fortalecerse. Lo que resulta sorprendente es que a estas alturas el sector taurino siga siendo tan lento, cuando no inactivo o incapaz, a la hora de promocionar los toros.

La UNESCO es la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, el máximo organismo de la cultura universal, y hace sólo unas fechas dio la razón a la Asociación Internacional de Tauromaquia en relación a su solicitud de requerimiento al Gobierno español para que se pronunciarse sobre los ataques institucionales y de grupos antitaurinos, así como de las medidas destinadas a paliar los efectos de la pandemia.
La Asociación Internacional de Tauromaquia, AIT, es una entidad sin ánimo de lucro constituida en 2004 con la intención de solicitar a la UNESCO que la Tauromaquia sea reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Desde su nacimiento, la AIT ha defendido muy activamente a los aficionados a los toros de las innumerables ofensivas sufridas desde las Administraciones, corporaciones y partidos políticos.
Ante la grave crisis de extrema urgencia que se avecinaba a causa de la irrupción del Covid-19, en junio de 2020, la AIT se dirigió a la UNESCO para que obligara a nuestros dirigentes a exponer las disposiciones previstas para ayudar económicamente a los damnificados por el coronavirus.
Tres meses después, Juan Andrés Perelló, Delegado Permanente del Reino de España en la UNESCO, reconoció ante dicho órgano que la Tauromaquia forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial del pueblo español y que está protegida por las leyes y la Constitución. Asimismo, detalló las medidas dictadas para ayudar a las industrias culturales, pero olvidando la Tauromaquia y excluyendo a sus profesionales de los beneficios acordados, lo que constituía una discriminación parcial e injusta.
Ahora, a través de un informe publicado la pasada semana, se reconoce que “la situación de muchos artistas ha pasado a ser insostenible” por culpa de que los ingresos de las industrias culturales y recreativas se redujeron entre un 20% y un 40%, y en el caso de la Tauromaquia esta cifra se dispara casi al 80%. En su notificación, la UNESCO da la razón a la AIT, que en su nota de prensa afirma que le llama poderosamente la atención que las directivas de los estamentos taurinos profesionales y quienes dicen actuar en pro de la Fiesta, no hayan utilizado este instrumento para la mejor defensa de sus asociados y de los intereses de la Tauromaquia en general y así llevar a instancias judiciales la postergación malintencionada hacia el sector.
Más de un año después de la denuncia de la AIT, en octubre de 2021, el Gobierno aprobó una partida presupuestaria de 210 millones de euros para la creación de un bono cultural destinado a los jóvenes que cumplan 18 años, una ayuda directa de 400 euros que llegará a casi 450.000 adolescentes cuyo objetivo es acercarles al mundo de la cultura y, de paso, inyectar recursos en este sector, que es uno de los más afectados por la crisis sanitaria. Pero de nuevo se excluía de forma totalitaria a la Tauromaquia.
La Fundación del Toro de Lidia acaba de presentar alegaciones al bono cultural ante el Ministerio de Cultura porque esta exclusión de la Tauromaquia de las actividades subvencionables “es arbitraria e ilegal al ser contraria frontalmente a la obligación que tienen los poderes públicos de fomento de la tauromaquia”.
Han tenido que pasar cuatro meses desde el anuncio oficial de la concepción del bono para que los profesionales se pongan en marcha. Será que las cosas de palacio van despacio y que el Gobierno es reacio. Reacio a respetar al toreo, a su gente y a los ciudadanos que participan de él. Reacio a cumplir las obligaciones que impone la ley y la Constitución respecto a una actividad catalogada como Patrimonio Cultural Inmaterial. Y reacio a acatar los dictámenes de la UNESCO.
También hay que convenir que el sector taurino es desesperadamente lento, cuando no inactivo o incapaz, a la hora de defender los toros. Resulta sorprendente que a estas alturas a la AIT le llame la atención que los estamentos profesionales no sepan aprovecharse de la UNESCO y de todos los argumentos legales de que disponen para fortalecerse. Pues eso, que el ejecutivo es reacio y los otros van despacio. ¿Demasiado despacio? Esa es la cuestión.









