Pablo Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, una oreja cada uno.
Vistalegre, 17 de mayo.
Cuarto festejo de la Feria de San Isidro.
Un tercio del aforo permitido (unas 1.500 personas).
Toros de Fermín Bohórquez, bien presentados, de juego desigual, primero y sexto los mejores.
Pablo Hermoso de Mendoza, ovación y oreja.
Lea Vicens, oreja y silencio.
Guillermo Hermoso de Mendoza, silencio y dos orejas.
Miguel Ángel Herráiz
Fotos: Andrew Moore
Toreo a caballo, emoción, maestría en la monta, entrega en los embroques y belleza en los equinos (auténticos protagonistas) forman parte de ese espectáculo llamado rejoneo.
Juventud atesora Guillermo Hermoso de Mendoza que no es óbice para demostrar que, con el poco tiempo que lleva de profesional, posee el conocimiento y la técnica suficientes para que jinete y cabalgadura sea uno a la hora de enfrentarse al toro de turno, brillen juntos al conseguir colocar dos fantásticos pares de banderillas cortas a dos manos y sean capaces de emocionar intensamente al público. Para llegar a ese momento de salida tuvo que fijar la atención del toro con un espectacular giro junto a los pitones. Era la forma de intentar y conseguir que la cosa fuera a más. Lo consiguió, se acopló y tardó en irse de las suertes.
Con ganas, jovialidad, ambición, montando a dos pistas y pasándoselo cerca Lea Vicens consiguió una oreja de un toro que fue a menos. Su buen hacer fue reconocido por el respetable que admiró su cabalgar de costado, pasión en la ejecución y reunión en las suertes con un astado al que le costaba desplazarse y había que provocarle con cercanía.
Ser testigo de la veteranía, el buen hacer templando con el caballo, instrumentar trincherazos por dentro, poner banderillas de poder a poder, también cortas, supone un disfrute que nos brinda Pablo Hermoso de Mendoza y que sin duda engrandece la magnitud del rejoneo además de dejar un excelente sabor de boca.












