A Paquirri no lo mató un toro. Me explicaré. El origen de su muerte fueron las cornadas, tres, de un toro en Pozoblanco, sí pero… Tampoco lo han vuelto a matar, pero sí a ensuciar su figura, o intentarlo, toda la gentuza que ha hablado ahora de él sin tener ni puta idea de lo que fue como torero y su carrera profesional.

Ricardo Díaz-Manresa
Ahora, con la Pantoja y el Pantojo enfrentados, ha salido a relucir su figura y el muchísimo dinero que ganó, y las posturas de su viuda con el dinero y la herencia. Y el sacrificio que hizo para juntar ese dinero. Fue mucho tiempo yunque para después ser martillo. Lo que sí ha quedado claro es que no estuvo muy acertado en su vida personal eligiendo novias y esposas. Y tampoco suerte con el Pantojo. No se puede tener todo en la vida, querido y recordado Paquirri, aunque dejaste en el mundo dos Rivera Ordóñez estupendos y con la suficiente vocación admirable para dedicarse a una profesión en la que había muerto el padre de forma violenta y dramática. Y además teniendo su progenitor un gran capital, seguro de posible futuro de vida resuelta. Francisco y Cayetano son un ejemplo más de que ¡no se es torero por hambre! como reza la falsa tradición. Incluso siguen muchos jugándose la vida en los ruedos cuando han triunfado y amasado un buen capital.
Francisco y Cayetano además pueden ser los dos con más gran sangre torera de toda la historia del toreo. Tatarabuelos, abuelos, tíos, primos…Muchísimos de las dos grandes ramas Ordóñez-Dominguin, en la que destacan Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, junto al gran Niño de la Palma, como históricas figuras estelares, y a otros espadas matadores de alternativa, conocidos y con méritos, y más familia de populares taurinos empresarios y apoderados y también de inolvidables banderilleros. Incluso matadores fuera de la familia que emparentaron por matrimonio con este admirable grupo. Y una tercera rama, la de Paquirri.
Impresionante.
Y que ahora venga la gentuza, especialmente la televisiva, a querer echar mierda y todo porque Carmina Ordóñez y Paco tenían dos ideales de vida completamente diferentes. La esposa, hija del quizá mejor torero del siglo XX y educada en los mejores colegios. Él, torero que aspiraba a la gran fama y que venía de una familia humildísima, era una buena operación y mejor estrategia, aparte del amor, pero salió mal, lo que era muy previsible. Ella, partidaria de la ciudad y de sus diversiones. Él, sacrificado y encerrado en el campo para triunfar en sus compromisos profesionales en los ruedos. O sea, viviendo cada uno por su cuenta. Después de este fracaso tampoco tuvo la cabeza clara para elegir, amores, relaciones y bodas.
Fue uno de los toreros más vocacionales conocidos en muchos años y tuvo la malísima suerte de lo de Pozoblanco. A Paquirri no lo mató un toro, sino las circunstancias en contra : equipo médico no habituado a esto y quizá no preparado, situación de la enfermería, condiciones sanitarias muy deficientes en la ciudad y en la zona etc. Y, como consecuencia, traslado urgente y precipitado a la capital cordobesa por una carretera infame. Y me cuentan que se desangró por el camino porque quizá había una tercera cornada no descubierta. Y por eso también me cuentan que no ha habido ni una sola fotografía del Paquirri muerto y desangrado.
A Paquirri ya no lo pueden matar más y muchísimo menos este grupito del actual manicomio nacional que es España, tutelados, amparados y seguidos por gran parte del poco respetable y muy descerebrado pueblo español.
Paquirri ya es grande para siempre. No le hace falta nadie. Es más: le sobran.









