El matador de toros de Linares Curro Diaz, a pesar del coronavirus, está protagonizando una temporada más que interesante. Manzanares, Villanueva del Arzobispo, Nimes, Cabra, Granada han sido las etapas de una campaña que terminará en la feria de San Lucas de Jaén.

Enrique Amat
Por eso Curro está satisfecho aficionados, a pesar de lo complicado del año.
“Está siendo una temporada bonita en un año tan difícil complicado. Se ha hecho un esfuerzo desde muchos sectores para que el toro esté en la plaza y pueda llegar, a través de la televisión, a todos los hogares.”
Un año como usted dice complicado, pero a lo largo de sus 23 años de carrera, ha pasado y vivido casi todo.
“Por supuesto. Han habido momentos buenos, regulares y malos. Y precisamente lo que más me ha hecho crecer como torero y como persona han sido los momentos complicados, que es precisamente cuando las personas tenemos que sacar lo mejor de nosotros.”
Sobre todo, los toreros. A veces el aficionado se pregunta de dónde sacan ustedes esa fuerza interior, ese aliento espiritual que les permite superar cosas tremendas que a veces suceden en las plazas.
“No lo sé. Lo cierto es que siempre hay que mirar para adelante. Hay que tratar de ver el vaso medio lleno, ser optimista y positivo. Fijarse en lo bueno y no dejarse llevar por el desánimo y el derrotismo, que quizá sea la postura más humana pero también la más fácil. Los cuerpos y las mentes no son los mismos, pero hay que sacar fuerzas de dentro. Como en esta situación que estamos viviendo, que es muy complicada. Toda la sociedad, y los toreros también, hemos echado para adelante un año muy difícil. Esperemos que todo se normalice en todos los sectores de la sociedad. Volver a lo que vivíamos mos hace seis meses. Que las cosas vuelvan a ser como antes.”
Al final la receta es ser capaz de aguantar y saber esperar. Usted lo hizo y ha llegado a torero de culto.
“Estuve cerca de siete años como novillero con picadores. Empecé muy joven, apenas con catorce años. Todo era muy nuevo. Entre la documentación, hacer los papeles para poder torear, fue un lio. También tomé la alternativa joven. Yo soy de los toreros que noté el parón del paso de novillero a matador, pero tras la confirmación, que la tomé seis años después de la alternativa, y con una corrida del Cura dé Valverde, pude ir para adelante. Pero siempre he tenido fe en mi mismo y mi carrera la ha presidido una independencia total en los despachos.”
Su padre le ayudó mucho.
“Sin él mi vida taurina no tendría sentido. Hemos sido autodidactas. Siempre hemos ido por libre, aunque me llevo bien con todos los empresarios, y las casas importantes, si bien nadie me ha regalado nada. A mi no me ha llevado nunca una casa grande, pero he llevado una linea recta en todo momento. He respetado y me han respetado.”
Usted es un torero de Linares, una tierra con una presencia en la tauromaquia importante por muchos factores. Y además cuna de toreros. José Fuentes, Palomo Linares, Curro Vázquez, Curro Curro, Lázaro Carmona, Saleri, Víctor Quesada, entre otros.
“Linares tiene toreros muy diferentes y con distintas personalidades. No existe una escuela ni una marca de Linares. Todos tenemos sello propio. Valientes, técnicos, artistas, … Hay de todo. Por otra parte, Linares siempre ha tratado duro a sus toreros. En las ferias de San Agustin no nos han dado margen por ser de Linares. Hemos tenido que ir ganando nuestro sitio toreando fuera. A Linares, por el tema de la mina, vino gente de muchos sitios y por ello hay una gran mezcla de culturas.“
Y dentro de Linares, José Fuentes es toda una referencia.
“Así es. Para mí José Fuentes ha sido algo más que una referencia. Es más, todavía casi no me atrevo a torear de salón delante de él. Cuando yo empezaba, iba a la plaza a entrenar y le veía torear de salón. Me sentaba en el estribo y se me caia la baba viéndole. Le tengo un gran respeto, todavía casi no me atrevo a torear de salón si esta el.”
Usted casi fue torero por azar. Un número 18 y una muleta de Saleri parecen tener la culpa.
“Si, son casualidades de la vida. Yo era un niño, y acompañaba a mi padre a hacer unas gestiones a una finca. No quería ser torero. Aquel día había un tentadero y estaban presentes varios chavales que querían ser toreros. Me ofrecieron un sombrero y saqué el numero 18, me acuerdo perfectamente. No tenia ni muleta ni nada. Y me tocó torear, ya no podía echar el paso para atrás. Y le dije a mi paisano Saleri que me dejase una muleta. Y a partir de ese día quise ser torero.”
Una singladura larga la suya en los ruedos. No debe ser fácil elegir una tarde importante, en la que mejor se haya sentido.
“El día que más me ha llegado fue a raiz de la tarde en que me pegan la cornada en Sevilla, por la que perdí un nervio de la pierna derecha. Se me caia el pie. Ignacio González era mi apoderado, y tras veinte días cojo, cuando me estaba recuperando, fui a torear en el campo tres becerras, una mañana de tentadero. Fue un momento muy importante para mi. Y es que me habian dicho incluso que no volvería a andar, porque hay un nervio en el exterior del peroneo que lo perdí. Desde ese momento utilizo un aparato ortopédico. Si no llega ser por torear, o sé si hubiera tenido todavía el pie colgando. Se puede decir que Le debo al toro tener una vida normal”.
Usted abrió por primera vez la puerta grande de Madrid el 20 de marzo de 2016. Una plaza dura por muchos motivos.
“Madrid por eso es tan grande. Por su dificultad y por lo que supone. Es la capital del mundo taurino. Alli pesan el toro, la plaza, la afición. Cuando eres capaz de torear un toro en Madrid, es algo grande. Madrid es Madrid. Me conmuevo por dentro y me da miedo y responsabilidad solo de pensar de verme anunciado en esa plaza.”
El Pana fue su padrino de confirmación en la plaza Monumental de México.
“Rodolfo ha sido de los toreros con más personalidad que he conocido. Con una gran vida dentro y fuera de los toros. Genial y culto. Y con mucho valor, porque torear sin facultades no es fácil. Tuve la gran suerte de tratarlo. Cada dia que pasa te das cuenta de lo intersante que era. Y como torero, grandioso. Nos deberiamos fijar en este tipo de personajes. Me llena mucho gente como él. Nuestras generaciones tenemos que fijarnos en su legado como espejo, como una forma de vida, como objetivo de superación.”
Curro Diaz también es torero de culto y torero con libro. O con dos libros. “Curro Díaz, torero lorquiano”, de Miguel Vega (Bellaterra) y “Curro Díaz, la plenitud del torero”, de Antonio Arévalo en Francia.
“Pues sí. He tenido esa suerte, que algún escritor se fijase en mi. Es un privilegio.”
Un torero artista como usted no hace ascos a las ganaderias toristas, como los de Victorino Martín.
“Son toros que me han dado mucho. He tendio la suerte de matar Victorinos, entre otros, que me han servido para crecer como torero. Les tengo mucho que agradecer a esas corridas de toros por lo que he aprendido como profesional en ellas. Cada toro es diferente, hay que estudiarlo, entenderlo y ello te sirve. Me han ayudado crecer como torero.”
Valencia es una tierra en la que siempre se ha encontrado bien.
“Así es. Valencia, Utiel, Algemesi. Es una zona que quiero mucho. Alli han entendido siempre muy bien mi toreo, Me he sentido muy identificado con ellos. Qué tierra más buena. “
Su familia siempre le animó para que se viniera arriba.
“Yo estaba sentado un dia en mi casa, después de la cornada de Sevilla, estaba convaleciente. Y mi hermana me dijo en un momento dado que me levantase. Que quitase la mesa. Y si no era capaz de levantarme, que me pusieran un kiosco para vender iguales. Y con ese puyazo, valga la expresión, me vine arriba. En la vida hay que levantase y darnos un espuelazo. No debemos darnos pena y hundirnos ante la adversidad.”









