La generosidad no siempre empieza en uno mismo

Los festivales benéficos siempre han estado presididos por la generosidad. Generosidad en el tendido, en el palco, en el ruedo… en los lidiadores, en los ganaderos. Pero esta generosidad, a veces, se confunde. O se tergiversa. O, como en el caso que nos ocupa, es un “todo vale, que vale todo”. Y no.

La lidia, por muy festival benéfico, no debe salirse de los cauces serios que se le suponen. En el festival al niño Adrián, con momentos vividos muy emotivos, sobre todo en un paseíllo cargado de sentimientos, alguien se pasó de rosca. Habrá quien diga que todo esto es manchar una causa y una fiesta. Pues, no. Todo lo contrario. De lo que se trata es dignificar el homenaje a un niño que, sin duda, vivió el día más feliz de su vida.

Y, por otro lado, dejar en claro que la tauromaquia no agradece el derroche triunfalista y sinrazón que ayer, en algunos momentos, se vivió. La idea pareció preconcebida: tarifa plana para todos los lidiadores. Dos orejas por coleta y, todos, tan contentos y a casa. Pero la cosa, que no la casa, se truncó cuando Román pinchó no más de la cuenta, sino que se topó con alguna “cuenta pendiente” por saldar. Román, por ejemplo, mató igual de mal que Rafaelillo pero su premio fue de tarifa menos beneficiosa. Digo que cuento con la generosidad de todo el mundo en los festivales benéficos, pero lo de ayer se pasó de la raya.

Generosidad. Cuentan que por la mañana, antes del sorteo, en el sorteo, o después del sorteo, dos matadores quisieron hacer valer su “derecho” a cobrar honorarios así como sus cuadrillas. Manifiesta sinvergonzonería que, parece ser, se frenó, aunque ignoro si hubo algún tipo de acuerdo al final. Pero la intención retrata a los personajes que, además, no tuvieron reparo alguno en brindar al niño y pasearlo por el ruedo. ¡Poca vergüenza! Eso, sin duda, sí que es manchar la gran fiesta dedicada al niño Adrián.

Y en clave taurina: gran lección profesional de Ponce, motivos para creer en Román y Ginés Marín, el sobresorpresa de la tarde, que debería estar en las Fallas del 17.
Ah! y Feliz Día de la Comunitat. Y un beso para Adrián.

Nació en Valencia en 1950.
De 1993, sigue en la actualidad en formato digital. Diario “El País”.

De 2002, sigue en la actualidad. Corresponsal taurino en la Comunitat Valenciana.

Ha escrito los libros “Memoria de Luces”, trilogía, historia de la plaza de toros de Valencia (1857 a 2000). “Antología poética de Rafael Duyos”, semblanza biográfica, (Diputación de Valencia, 2009); Colección “Mestres/Maestros” (Diputación de Valencias), seis volúmenes sobre las figuras del toreo valenciano, junto a Pepe Luis Benlloch. “El espacio y sus personajes” (Diputación de Valencia, 1997), multidisciplinar; “150 años de la plaza de toros de Valencia” (Diputación de Valencia, 2009), multidisciplinar; “Manuel Granero, una leyenda” (Diputación de Valencia, catálogo 2022, con motivo de la exposición del mismo título de la que fue comisario. “Historia de la Feria taurina de Fallas” (Diputación de Valencia / Avance Taurino, catálogo, 2014), exposición comisariada junto a Paco Delgado; “25 años de Avance Taurino” (Avance de Publicidad). “La huella escrita”, 40 años de periodismo taurino (Avance de Publicidad).

Artículos y colaboraciones en distintas publicaciones de ámbito público y privado, libros de fiestas (Libro Oficial de la Semana Santa Marinera de Valencia), etc.

Charlas, coloquios, conferencias, mesas redondas, en distintos puntos de la geografía española.

Presentador de eventos: conciertos de música y otros. Autor de diversos prólogos de libros de temática variada.

Miembro asociado de la Unió de Periodistes Valencians, con el número 123.

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