Este año el Coronavirus también se ha llevado por delante el festejo de la fiesta de la Virgen de los Desamparados. Visto lo visto, y para matar la afición, recordaremos lo que sucedió tal día como hoy, 11 de mayo, del año 2013 en la plaza de toros de Valencia.

Fue un sábado, en el que se programó la corrida para conmemorar la festividad de la patrona. Y en una fecha tan señalada como esta, tanto por la festividad de la Virgen como por su significación taurina, con el recuerdo de Pepe Hillo y su percance mortal en Madrid, un nuevo alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia llegó a la alternativa. Pascual Javier, tras una corta aunque intensa singladura como novillero, recibió el doctorado de manos de Curro Díaz. Una efeméride más en la historia de la plaza de Valencia, que aquel día registró media entrada en una tarde soleada.
El coletudo valenciano afrontó un día tan importante para el devenir de su carrera con una más que plausible disposición. Torero de valor y firmeza de plantas y curtido en novilladas duras, trató de torear en todo momento con tanta verdad como firmeza y asentamiento. Vestido de blanco y oro, su paso al escalafón superior fue con la cesión, por parte del linarense Curro Díaz, del toro Buscador. Un ejemplar de pelo negro, marcado con el número 159 y de 502 kilos de peso. Un astado con muy escasas fuerzas que fue y vino aunque falto de raza y poder, ante al que el toricantano anduvo firme y dispuesto. Frente al cierraplaza, un toro que se salió suelto del caballo tras empujar con un solo pitón y que se movió con celo aunque manseando y siempre queriéndose ir, Pascual volvió a poner de manifiesto actitud y disposición, en un trabajo enfibrado pero deficientemente rematado con los aceros.
Los toros de Valdefresno elegidos para el efecto compusieron un encierro en el tipo de su encaste Atanasio-Lisardo. Muy ofensivos y aparatosos por delante, con el cuajo y seriedad suficientes y todos ellos cinqueños, dieron juego desigual. Tuvo clase aunque duró poco el segundo, fue y vino y se desplazó con son el tercero, renegó y protestó el voluminoso cuarto, al que picaron con saña, y el cabezón quinto, muy abierto de cuerna, se rajó pronto y se puso a la defensiva a las primeras de cambio. Sus pesos por orden de lidia fueron 502,466, 485, 580, 506 y 538 kilos.
Encabezó la terna Curro Díaz quien, vestido de verde manzana y oro, puso de manifiesto ser torero de un excelente corte ante el segundo, en una faena intermitente aunque sobrada de estética, expresión y sentimiento, que estuvo coronado con una gran estocada. A sus manos fue a parar la única oreja de la tarde que le concedió el usía de aquella tarde, Jesús Merenciano. Luego no tuvo opciones en el cuarto.
Y David Galván, asimismo luciendo un terno blanco y oro, debutaba en Valencia como matador de toros. Se mostró como un torero de buen aire y queriendo hacer las cosas por la línea de la compostura y el gusto. Muy asentado y suficiente, se justificó con creces en esta presentación en el coso valenciano.