El valor de los cómicos

Termina el año cuando una noticia logra sorprender -en un país que parece haberse vuelto loco, o, peor, idiota- si ello es todavía posible: el anuncio de un espectáculo cómico taurino.

 


Paco Delgado

 

Lo que en el siglo XIX -dato que viene a confirmar su importancia también a través del tiempo- se conoció como mojigangas o pasatiempos, espectáculos en los que se representaba de manera satírica aspectos de la vida social, política o cultural de la época, siempre con un novillo por medio, poco a poco fue tomando carta de naturaleza y en el siglo XX comenzó a desarrollarse como un nuevo género dentro de la tauromaquia: el toreo cómico.

Eduardo Pagés puede decirse que fue quien logró su instauración definitiva, en la segunda década del siglo XX, más o menos a la vez que un valenciano ilustre, Rafael Dutrús “Llapisera” conducía a la  fama a una cuadrilla en la que hacía el paseíllo con su Botones y Carmelo Tusquellas, que adaptó a los toros un personaje universal: Charlot, consolidando un espectáculo estructurado en varios tramos y que culminaba con lo que se llamó parte seria, en la que un novillero principiante lidiaba un becerro con arreglo a los cánones y lejos de los excesos y excentricidades protagonizadas minutos antes por los cómicos.

El Empastre, banda valenciana que llegó a lo más alto en la especialidad y dio varias vueltas al mundo con su puesta en escena, Los Califas, Galas del Arte, en cuyo elenco figuraban varios miembros de la familia Villaverde, como Don Canuto o su hermano El Gran Kiki, El Bombero Torero, de Pablo Celis, El Chino Torero, Los Calderones, El Toronto, de Gregorio García y Julián Melero, y tantos y tantos otros lograron que durante gran parte del pasado siglo no hubiese feria que se preciase que no contase con al menos uno de estos espectáculos en su programación. Y también se anunciaban fuera de ferias y cumplían centenares de actuaciones cada temporada, llenando plazas grandes y menores y dando grandes figuras como Laurelito, Paco Más, Arévalo, Ramper y muchos otros que hicieron las delicias de todos y que sirvió de iniciación para aficionados y profesionales.

Y es que el toreo cómico no sólo dio grandes satisfacciones a las empresas, también aportó varias suertes a la tauromaquia -la chicuelina y la manoletina, verbigracia, fueron antes de su incorporación al repertorio habitual del toreo recurso de los toreros bufos – y, desde luego, propició, en tiempos en los que no había escuelas taurinas, enseñanza y oficio a multitud de torerillos, muchos de los cuáles llegarían a  ser grandes figuras: Manolete, Antoñete, Ortega Cano, Dámaso González, Espartaco, El Soro, César Rincón… son algunos ejemplos destacados de diestros hechos en aquella tan importantísima parte seria de los espectáculos cómicos.

Pero la política acabó con este género y la reforma del Reglamento de 1991 terminó con la muerte del animal en estas funciones y logró la desaparición de aquella llamada parte seria. Lo que propició finalmente el fin de los espectáculos cómicos. Se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos, los festejos de este tipo que se han dado en las últimas temporadas…

Es por ello que hace ilusión que se vuelva a anunciar y promocionar uno de ellos, Diversiones en el ruedo. Ojalá que funcione.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…